Liberalismo y nacionalismo en la Europa del siglo XIX: origen, impacto y oleadas revolucionarias

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Liberalismo y nacionalismo en la Europa del siglo XIX

Los principios ideológicos del liberalismo triunfaron en las revoluciones norteamericana y francesa: soberanía de la nación; derechos del hombre y del ciudadano; libertades políticas; igualdad de los ciudadanos ante los tribunales y los impuestos. Esas ideas se hicieron presentes en las diferentes constituciones. Esos principios coincidían con los intereses y aspiraciones de la burguesía, que entendía la libertad e igualdad de modo limitado (sufragio censitario o restringido), por lo cual solo una minoría de la población tenía derecho a voto. Las doctrinas de organización económica del liberalismo confirmaban la desigualdad. A pesar de ello, el liberalismo fue un elemento de progreso, pues puso fin al absolutismo de los reyes y a los privilegios de los nobles.

Principios fundamentales del liberalismo

  • Soberanía nacional
  • Derechos del hombre y del ciudadano
  • Libertades políticas
  • Igualdad ante la ley y los impuestos

El nacionalismo será el otro gran movimiento de ideas del siglo XIX. Un gran número de pueblos europeos tomaron conciencia de su peculiaridad (lengua, tradiciones, costumbres, etc.) y eso les llevó a constituirse en Estados nacionales, tal y como ocurrió en Italia o Alemania.

Restauración y reacción conservadora

Las grandes potencias vencedoras del Imperio napoleónico —Austria, Rusia, Prusia y Gran Bretaña— restauraron las monarquías absolutas y llegaron a formar alianzas con el fin de evitar y perseguir el resurgimiento de las ideas liberales: Santa Alianza. Pero era imposible anular los cambios producidos por la Revolución Francesa, por lo que en muchos países se mantuvieron muchas de sus conquistas.

El Congreso de Viena (1815)

Los dirigentes políticos europeos, reunidos en el Congreso de Viena (1815), trazaron un mapa de Europa que respondía a los intereses de las grandes potencias. En ese nuevo mapa se ignoraron las aspiraciones nacionalistas; se mantuvo la división de Italia y de Alemania y el sometimiento de varios pueblos a los imperios ruso, austríaco, turco, etc. Por ello surgió el nacionalismo revolucionario.

Oleadas nacionalistas y revoluciones (1820-1848)

La actividad nacionalista y revolucionaria del siglo XIX se desarrolló en varias oleadas:

  • Primera oleada (iniciada en 1820): se inició en España en 1820. El primer triunfo destacado del nacionalismo fue la independencia de Grecia frente al Imperio turco.
  • Segunda oleada (1830): surgió en Francia en 1830, donde se instauró una monarquía liberal que duró hasta la revolución democrática de 1848.
  • Tercera oleada (1848): tuvo un marcado carácter democrático y solo triunfó momentáneamente en Francia.

Conclusión

El liberalismo y el nacionalismo fueron fuerzas complementarias y, a veces, contradictorias en la Europa del siglo XIX. Mientras el liberalismo promovía la limitación del poder absoluto y la implantación de derechos y libertades, el nacionalismo impulsó la formación de Estados nacionales y la reivindicación de identidades colectivas. Ambas corrientes configuraron el mapa político y social del continente y prepararon el terreno para procesos de unificación, emancipación y transformaciones sociales profundas.

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