Libertad interior frente al determinismo científico: Séneca y Laplace
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Determinismo científico y libertad interior
Determinado de antemano y no podemos hacer nada para cambiarlo; el curso de los acontecimientos no sólo depende de nosotros sino que somos una especie de marioneta en manos de un entramado universal. Pero sí hay un sentido en el que somos libres: sí hay libertad interna, que es la posibilidad de elegir cómo me voy a enfrentar a aquello que de todas formas ha de suceder, si con serenidad y entereza, como el sabio, o desesperándome y dejándome llevar por los sentimientos y por las emociones, como hace el ignorante. Lo segundo es, sencillamente, poco recomendable porque, como dice Séneca, Fata volentem ducunt, nolentem trahunt.
Determinismo científico
Una inteligencia que en un momento determinado conociera todas las fuerzas que animan a la naturaleza, así como la situación respectiva de los seres que la componen, si además fuera lo suficientemente amplia como para someter a análisis tales datos, podría abarcar en una sola fórmula los movimientos de los cuerpos más grandes del universo y los del átomo más ligero; nada le resultaría incierto y tanto el futuro como el pasado estarían presentes ante sus ojos. (Pierre-Simon de Laplace, Ensayo filosófico sobre las probabilidades).
Un científico del siglo XIX, J. Laplace, hacía esta contundente afirmación, que ha pasado a la historia como una de las formulaciones más radicales del determinismo. Lo que se esconde detrás de ella es la presuposición de que todo lo que sucede en la naturaleza está determinado por leyes que lo explican; nada sucede por casualidad; al contrario, todo hecho tiene una causa, de la cual depende. Detrás de todo el quehacer científico está esta presunción, pues el científico está continuamente buscando el porqué —las causas— de los fenómenos naturales. Y, por supuesto, en ningún caso se nos ocurriría pensar que para ese tipo de fenómenos —por ejemplo, la caída de una piedra— tenga sentido afirmar que suceden libremente. Pensemos en esa piedra que es arrojada y que cae con una determinada velocidad y