La Lucha por el Liberalismo en España: De las Cortes de Cádiz a la Restauración Borbónica (1810-1874)

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El Conflicto entre Absolutismo y Liberalismo (1810-1833)

Las Cortes de Cádiz (1810-1814)

En 1810, la Junta Central convocó una reunión de Cortes en la ciudad de Cádiz. Se reunieron representantes de todos los territorios, marcando la primera decisión revolucionaria en la historia contemporánea de España. Las Cortes aprobaron leyes fundamentales destinadas a abolir el Antiguo Régimen (A.R.).

El Sexenio Absolutista (1814-1820)

En 1814, Fernando VII regresó a España. Este periodo estuvo marcado por la intensa rivalidad entre la restauración del absolutismo y la consolidación del liberalismo. El rey, mediante un golpe de Estado contra los liberales, clausuró las Cortes y anuló la Constitución de 1812.

El Trienio Liberal (1820-1823)

En 1820, el pronunciamiento del coronel Riego inauguró el Trienio Liberal, obligando al rey a acatar la Constitución de 1812.

La Quiebra del Absolutismo y la Sucesión

Tras el Trienio, se desató una gran represión contra los liberales. Existía una difícil situación económica. Fernando VII, deseando que su hija Isabel fuera la reina, se enfrentó a la Ley Sálica que impedía reinar a las mujeres. Para asegurar la sucesión, el monarca abolió dicha ley mediante la Pragmática Sanción.

La Revolución Liberal y el Reinado de Isabel II (1833-1868)

La Primera Guerra Carlista (1833-1840)

La muerte de Fernando VII desencadenó una guerra civil entre carlistas e isabelinos, conocida como la Guerra Carlista.

  • Carlistas (Absolutistas): Apoyaron el derecho al trono del hermano de Fernando VII, Carlos María Isidro. Sus bases sociales eran la nobleza agraria, el clero y el campesinado, defensores acérrimos del Antiguo Régimen.
  • Isabelinos (Liberales): Apoyaron a la monarquía de Isabel II, bajo la regencia de María Cristina, quien buscó apoyo en los liberales. Su interés esencial era la defensa del trono y la implantación de un régimen liberal.

La guerra se prolongó durante siete años, aunque los carlistas no lograron ocupar ninguna ciudad importante.

Las Regencias y las Reformas Progresistas

Los liberales se hallaban divididos en dos facciones principales:

  • Moderados: Partidarios de reformas limitadas y de un liberalismo conservador.
  • Progresistas: Buscaban desmantelar completamente la estructura del Antiguo Régimen.

En 1837, los moderados accedieron al gobierno. El movimiento de oposición contra la regente María Cristina provocó su dimisión en 1840. El general progresista Espartero fue nombrado regente, dimitiendo a su vez en 1843, momento en el que se proclamó a Isabel II reina de España.

La Etapa Isabelina (1843-1868)

Durante esta etapa, el liberalismo se consolidó en España, aunque con un carácter marcadamente conservador y centralista. El nuevo régimen se apoyaba en los grupos poderosos que aceptaban el orden liberal para frenar el carlismo.

Acción de Gobierno y Constitución

Se promulgó la Constitución de 1845, que establecía un sufragio muy restringido (censitario).

En 1854, triunfó un pronunciamiento militar apoyado por progresistas y moderados descontentos, quienes fundaron la Unión Liberal.

La Última Etapa del Reinado

La fase final del reinado de Isabel II se caracterizó por la alternancia en el poder entre los Moderados y la Unión Liberal. Se produjo la creación de nuevos grupos políticos:

  • Demócratas: Defendían el sufragio universal.
  • Republicanos: Abogaban por la abolición de la monarquía.

La Restauración Monárquica (1874) y el Sistema Canovista

Proclamación de Alfonso XII

En 1874, el general Martínez Campos proclamó rey de España a Alfonso XII de Borbón, hijo de Isabel II, dando inicio a la Restauración.

El Sistema Canovista

El nuevo sistema político, ideado por Cánovas del Castillo, tenía un carácter conservador y se fundamentaba en un sistema parlamentario liberal con dos grandes partidos:

  • Partido Conservador: Liderado por Cánovas.
  • Partido Liberal: Liderado por Sagasta.

La Alternancia del Poder (Turnismo)

Conservadores y Liberales se pusieron de acuerdo para alternarse en el ejercicio del poder, controlando la vida política española. Este turnismo fue posible porque el acceso al gobierno no dependía de ganar las elecciones, sino de un acuerdo previo entre las élites, facilitado por el fraude electoral generalizado.

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