Magistraturas de la República romana y la caída de Cartago en la Tercera Guerra Púnica

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Magistraturas y funciones en la Roma republicana

  • Cuestores. Eran cuatro; su número tendió a aumentar por la complejidad derivada de la expansión del imperio, ya que, por ejemplo, acompañaban al ejército en las campañas fuera de Italia. Eran responsables del tesoro y del archivo público.
  • Censores. Eran dos y se elegían cada cinco años cuando se tenía que actualizar la lista de ciudadanos y de sus bienes. También vigilaban las costumbres de los ciudadanos, tanto si aspiraban a cargos públicos como si únicamente querían permanecer en su clase social. Si consideraban que alguno era indigno, emitían una nota censoria en la cual justificaban su exclusión de la ciudadanía o de su clase social.
  • Ediles. Eran cuatro y vigilaban el orden público, los mercados, el buen estado y la limpieza de los edificios públicos, etc. Los tribunos de la plebe y los ediles ocupaban el mismo rango.
  • Tribunos de la plebe. Conservaron su título original, aunque a finales del siglo IV a. C. eran tribunos del pueblo. Podían vetar a los magistrados con imperium y podían convocar la asamblea del pueblo para defender intereses públicos.

Tercera Guerra Púnica

Casi cincuenta años después, Cartago había conseguido una lenta recuperación de su poderío naval y comercial; al no poder gastar sus riquezas en guerras, los ciudadanos de Cartago decidieron usarlas para convertir su ciudad en un poderoso y rico núcleo comercial.

Cuando Catón el Viejo la visitó, en vez de ver una urbe empobrecida contempló una ciudad enriquecida, lo que le llevó a considerarla una amenaza. Catón, que había observado el florecimiento económico de Cartago, consideraba que algún día ésta volvería a declararle la guerra a Roma. El senador, célebre por su severidad y por su retórica, no perdía ocasión para recordar que debían aniquilar al enemigo. Sin importar el asunto del que estuviera hablando en la asamblea del Senado, sus discursos terminaban siempre con Carthago delenda est (Cartago debe ser destruida).

Los romanos inventaron una excusa para declarar la guerra, y los cartagineses no presentaron demasiada resistencia. Hostigados por los númidas de Masinisa, decidieron responder a sus provocaciones. Roma declaró la guerra y Cartago fue arrasada; tras convertirla en un montón de ruinas humeantes, los romanos pasaron el arado, la sembraron de sal y maldijeron esa tierra para siempre, de modo que nadie volvió a habitar jamás la ciudad, que un día fue la más poderosa del Mediterráneo.

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