Las Meninas (Diego Velázquez, 1656) y El Grito (Edvard Munch, 1893): interpretación y claves visuales
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Las Meninas — Diego Velázquez (1656)
Obra de Diego Velázquez, 1656. Se encuentra en el Museo del Prado de Madrid.
El óleo representa a Velázquez realizando un retrato de los reyes. En la estancia se encuentran el pintor, los retratados y la infanta Margarita con sus dos meninas. Al fondo aparece la figura del aposentador de la corte y, a su izquierda, un espejo donde se reflejan los bustos de los reyes.
Velázquez consiguió reflejar una escena en movimiento donde todos los personajes miran hacia los reyes. La profundidad se logra mediante el uso de varias líneas y planos.
Composición y representación
En primer plano los personajes están organizados en dos grupos de tres figuras: la infanta con sus meninas y los dos enanos con el perro. En el plano inmediato aparece Velázquez, que figura con la paleta en la mano. Al fondo se distinguen la camarera mayor y una guardadamas y, más al fondo, el aposentador y el espejo.
- Punto de fuga: la puerta con José Nieto, que marca la profundidad espacial.
- Profundidad: creada por líneas en perspectiva y por la distribución en varios planos.
- Técnica: Velázquez difuminó los contornos de las figuras para conseguir sensación de profundidad; esta técnica se aprecia especialmente en los rostros.
- Luz y claroscuro: la luz incide sobre los rostros y la puerta del fondo; Velázquez juega con el claroscuro para modelar volúmenes y enfatizar la escena.
En el siglo XVII las meninas eran jóvenes de buena familia que se encargaban de servir y acompañar a las infantas, desempeñando el papel de doncellas en la corte.
El Grito — Edvard Munch (1893)
Obra de Edvard Munch, 1893. Se encuentra en la Galería Nacional de Oslo.
Es un óleo y temple que recoge una figura humana que grita sobre un puente. Las manos enmarcan el rostro, que muestra la boca abierta como expresión de angustia. Al fondo hay otras dos figuras que dan la espalda al protagonista sin percatarse del sufrimiento de éste.
Munch representó un paisaje situado a las afueras de Oslo en el que puede verse un fiordo al fondo, barcos y un puente. El cuadro está dominado por las líneas curvas, aunque también aparecen líneas rectas o verticales, como las de las personas del fondo o determinadas diagonales.
Color y técnica
Los colores contribuyen a resaltar la intensidad de la obra. La persona que grita, las figuras del fondo y el paisaje aparecen representados con tonos fríos —verdes, azules y negros— que transmiten sensación de angustia. El cielo y el suelo del puente se configuran con trazos de colores más cálidos —anaranjados y amarillos— que aportan una sensación de apasionamiento violento.
Los profundos sufrimientos que marcaron la vida de Munch quedan reflejados en esta obra.