Mente, Cuerpo y Evolución: Perspectivas Filosóficas y Antropológicas sobre el Ser Humano

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Cuerpos que Piensan o Mentes que Hablan

Algunos filósofos empezaron a plantearse que, en lugar de estar constituidos por dos sustancias diferentes, quizás seríamos una sola entidad que comprende tanto lo que denominamos cuerpo como alma. Esta concepción, que reduce al ser humano a una única sustancia o principio, la denominamos monismo.

Si este principio es concebido como material, hablamos de monismo materialista, y si es mental, hablamos de monismo espiritualista. Para Berkeley, lo que denominamos cuerpo no tiene una existencia independiente de la mente; no existe si no es en o para una mente. A esto lo denominó idealismo o mentalismo.

Las teorías antropológicas pueden clasificarse según esta dicotomía:

  • Monistas:
    • Materialistas: Sostienen que solo somos el cuerpo.
    • Espiritualistas: Afirman que solo somos la mente, es decir, el alma.
  • Dualistas:
    • Radicales: Consideran la unión cuerpo-alma como accidental.
    • Matizadas: Proponen una unión estrecha entre cuerpo y alma.

La Evolución Humana

Proceso de Hominización

La vida en la Tierra se originó hace 3500 millones de años, los primeros animales vertebrados hace unos 500 millones de años y los primeros mamíferos hace unos 200 millones de años. Si tenemos en cuenta que los primeros homínidos aparecieron hace 5 millones de años y que la subespecie de la cual formamos parte no tiene más de 40.000 años, nos daremos cuenta de que los humanos somos unos recién llegados de última hora.

Hace entre 5 y 7 millones de años, un cambio climático deforestó grandes zonas, lo que supuso un verdadero reto ecológico. El bipedismo permitió a nuestros ancestros ejercer un mayor control del entorno, al mismo tiempo que dejaba libres las extremidades superiores.

Esta liberación de las manos es básica para la manipulación y fabricación de herramientas. A medida que las manos cogían habilidad, aumentaba la capacidad cerebral necesaria para llevar a término estas tareas. Se produce así una interacción mano-cerebro que se encuentra en el desarrollo encefálico de las sucesivas especies de homínidos.

La creciente encefalización impulsó el desarrollo de la inteligencia, el lenguaje y la socialización, pasando de los gritos al lenguaje articulado. Esta evolución también conllevó la maduración lenta o neotenia del ser humano.

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