Microbiología Clínica: Características, Patogenia y Tratamiento de VHC, Actinomyces y Salmonella
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Hepatitis C (VHC): Etiología, Clínica y Terapia
La Hepatitis C es un virus con envoltura de ARN simple de polaridad positiva. Posee seis genotipos principales, cada uno asociado a un pronóstico distinto. Es la causa infecciosa más frecuente de hepatopatía crónica.
Transmisión y Fisiopatología
Se transmite principalmente por vía parenteral, mediante exposición percutánea a sangre infectada, siendo menos transmisible que el VIH o el VHB. También puede transmitirse por vía vertical o sexual.
La replicación viral se produce en hepatocitos, linfocitos, monocitos y otros tejidos. La máxima viremia se alcanza entre las 8 y 12 semanas. Los anticuerpos aparecen en el suero coincidiendo con el pico de la viremia; aunque pueden contener la infección, no son suficientes para eliminarla, lo que provoca daño celular crónico que puede derivar en cirrosis y hepatocarcinoma.
Manifestaciones Clínicas
Las manifestaciones clínicas se clasifican en hepatitis aguda y crónica:
- Hepatitis Aguda: Puede ser asintomática o manifestarse con náuseas, vómitos, dolor en el hipocondrio e ictericia.
- Hepatitis Crónica: Se detectan anticuerpos, con niveles de viremia generalmente menores que en la fase aguda. El único síntoma que aparece frecuentemente es el cansancio. La anatomía patológica es clave para determinar la evolución de la enfermedad.
La progresión a cirrosis puede verse influenciada por factores como el consumo de alcohol, la edad, la coinfección por VIH o la coinfección por VHB.
Diagnóstico y Tratamiento
Antes de la semana 6, no se detectan anticuerpos, lo que constituye el periodo de ventana serológica. La presencia de Anti-VHC indica contacto previo, pero no es suficiente para determinar una infección crónica.
Para el diagnóstico definitivo, se realiza una búsqueda del virus con PCR y, posteriormente, se identifica el genotipo. Las pruebas se realizan inmediatamente después de un accidente de exposición y se mantienen durante los meses siguientes.
Para tratar esta enfermedad, tradicionalmente se ha utilizado interferón α, que modula la expresión de genes con actividad antiviral, combinado con ribavirina.
Infecciones por Actinomyces
El género Actinomyces se encuentra colonizando la boca, el tracto respiratorio superior, el colon y la vagina. Si la mucosa se altera, se desarrollan lesiones de evolución lenta que se acumulan en forma de “gránulos de café”.
Patogenia y Localizaciones
Con el tiempo, el absceso se ablanda y drena pus al exterior, lo que puede llevar a la formación de fístulas. Una característica es que, al desaparecer la infección, puede reaparecer en otro sitio y seguir drenando pus.
Puede producir daños a nivel cervicofacial por erosión de la mucosa dental, formando un lóbulo que se abre espontáneamente y drena pus. Aunque el tratamiento antibiótico lo cierra, puede reaparecer. También puede afectar a la zona torácica, pélvica, abdominal y al Sistema Nervioso Central (SNC).
Diagnóstico y Terapia
Se identifica con una muestra obtenida del absceso. Se realiza tinción de Gram y cultivo. Los “gránulos de café” se aplastan con un portaobjetos y al microscopio se observa un núcleo lleno de bacilos rodeados de células inflamatorias.
El tratamiento se basa en la administración de penicilina G durante periodos prolongados de tiempo.
Salmonella: Clasificación y Fiebre Tifoidea
Salmonella es una enterobacteria capaz de formar flagelos que no fermenta la lactosa, aunque sí la glucosa. Posee una clasificación compleja de serotipos, la cual se realiza en función de:
- Antígenos somáticos (O).
- Antígenos flagelares (H).
Solo para S. typhi se consideran los antígenos capsulares (Vi), al ser esta la única especie en producirlos.
Clasificación Clínica y Reservorio
Clínicamente, las especies se clasifican en tifoideas y no tifoideas. Habitan en el tracto gastrointestinal de aves, mamíferos y reptiles, entre otros.
Las cepas tifoideas solo colonizan al ser humano. Desde la célula intestinal, la bacteria pasa a la sangre periférica y es transportada por los monocitos al resto del organismo. Puede pasar a la vía biliar, volviendo a suceder la infección y, por lo tanto, recurriendo el cuadro clínico. Para la eliminación completa del microorganismo es necesaria una respuesta inmune eficaz.
Fiebre Tifoidea y Paratifoidea
La fiebre tifoidea y paratifoidea son producidas por S. typhi y S. paratyphi, respectivamente. Al entrar la Salmonella en el organismo y dividirse en monocitos, aparece un cuadro clínico de diarrea, seguido de fiebre cuando comienza la diseminación sistémica de la bacteria.
Otros síntomas incluyen manifestaciones neuropsiquiátricas y un exantema característico de color salmón. La infección puede cronificarse y causar alteraciones en la vía biliar.
Identificación y Tratamiento
Para la identificación, se aísla un cultivo desde la muestra clínica, seguido de pruebas bioquímicas y serotipado para determinar la especie.
La fiebre tifoidea se trata con ciprofloxacino. En el caso de portadores crónicos, se utiliza amoxicilina. Las quinolonas matan a la bacteria y alcanzan concentraciones adecuadas para dejar la vesícula esterilizada.
Se recomienda la vacunación en el sur y centro de Asia y en ocasiones especiales.