El Mito del Andrógino: Origen Platónico de la Búsqueda de la Unidad Perdida

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El Mito del Andrógino

La palabra andrógino proviene etimológicamente del griego andrógynos, compuesto de andrós (varón) y de gyné (mujer). Hoy popularmente se designa así a quien tiene características indefinidas, con rasgos de varón y mujer. Otros lo equiparan al concepto de hermafrodita. Tal vez de aquí deriven los conceptos populares de “la media medalla”, “la media naranja” y la idea de que “los partió con un rayo”.

La Naturaleza Humana Original

En otro tiempo, la naturaleza humana era muy diferente de lo que es hoy. Primero, existían tres clases de hombres:

  1. El sexo masculino (producido por el Sol).
  2. El sexo femenino (producido por la Tierra).
  3. Uno tercero, compuesto de estos dos, el cual ha desaparecido conservándose solo el nombre.

Este tercer ser formaba una especie particular y se llamaba andrógino, porque reunía el sexo masculino y el femenino; pero ya no existe y su nombre está en descrédito.

La Forma Esférica y la Composición

En segundo lugar, todos los hombres tenían formas redondas, la espalda y los costados colocados en círculo. La diferencia entre estas tres especies de hombres nacía de la que había entre sus principios: el sol producía el sexo masculino, la tierra el femenino, y la luna el compuesto de ambos, que participaba de la tierra y del sol.

De estos principios recibieron su forma y su manera de moverse, que era esférica. Sus características físicas eran:

  • Cuatro brazos.
  • Cuatro piernas.
  • Dos fisonomías, unidas a un cuello circular y perfectamente semejantes.
  • Una sola cabeza, que reunía estos dos semblantes opuestos entre sí.
  • Dos orejas y dos órganos de la generación.

La Audacia y el Castigo de Zeus

Los cuerpos eran robustos y vigorosos, y de corazón animoso. Por esto concibieron la atrevida idea de escalar el cielo y combatir con los dioses. Zeus consultó con los demás dioses sobre el partido que debía tomarse y se expresó en estos términos:

Creo haber encontrado un medio de conservar a los hombres y hacerlos más circunspectos, y consiste en disminuir sus fuerzas. Los separaré en dos; así se harán débiles y tendremos otra ventaja, que será la de aumentar el número de los que nos sirvan. Marcharán rectos, sosteniéndose solo en dos piernas, y si después de este castigo conservan su impía audacia y no quieren permanecer en reposo, los dividiré de nuevo, y se verán precisados a marchar sobre un solo pie.

En seguida, mandó a Apolo que curase las heridas y colocase el semblante y la mitad del cuello del lado donde se había hecho la separación, a fin de que la vista de este castigo los hiciese más modestos.

La Búsqueda Desesperada de la Unidad

Hecha esta división, cada mitad hacía esfuerzos desesperados para encontrar la otra mitad de la que había sido separada. Cuando se encontraban ambas, se abrazaban y se unían, llevadas del deseo de entrar en su antigua unidad, con un ardor tal que, abrazadas, perecían de hambre e inacción, no queriendo hacer nada la una sin la otra.

Cuando una de las dos mitades perecía, la que sobrevivía buscaba otra, a la que se unía de nuevo, ya fuese la mitad de una mujer entera (lo que ahora llamamos una mujer), ya fuese una mitad de hombre; y de esta manera la raza iba extinguiéndose.

La Intervención Final

Zeus, movido a compasión, imaginó otra maniobra: poner delante los órganos de la generación, porque antes estaban detrás, y se concebía y se derramaba el semen, no el uno en el otro, sino en tierra como las cigarras. Con este cambio, al unirse, podrían procrear y así asegurar la supervivencia de la especie, canalizando su deseo de unidad a través del amor y la reproducción.

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