La Muerte de Dios y la Dialéctica entre lo Apolíneo y lo Dionisíaco en Nietzsche

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La Muerte de Dios y el Nihilismo en el Pensamiento de Nietzsche

Para Nietzsche, Dios significa el súmmum de lo apolíneo, la perfección suprema. La sentencia "Dios ha muerto" expresa el último fundamento ideal y abstracto de los valores religiosos y culturales de Europa. Por tanto, esto es un fatalismo histórico: "el hombre lo ha matado", un proceso que ha ido gestándose en cada estadio del pensamiento occidental junto a su continua decadencia.

La muerte de Dios es el fin del dogmatismo de los valores. Como no hay normas de las que se pueda guiar, aparece el nihilismo o negación total de los valores y de la vida misma. Este fenómeno presenta dos fases:

  • Nihilismo pasivo: caracterizado por el abatimiento y la angustia ante la desorientación que provoca la negación de los valores.
  • Nihilismo activo: supone la asunción de la muerte de Dios, la creación de valores propios y el abrazo a la vida y a la creación; este nihilismo es una revisión de lo humano en la historia.

La vida es autosuperación, pero no hay nada superior a las propias posibilidades humanas. Con esto, la voluntad de poder es esa afirmación de toda la vida, abrazando así el devenir constante de la realidad. Este fenómeno es moral; finalmente, la voluntad de poder es afirmación propia y no dominio sobre los demás.

La Dualidad entre lo Apolíneo y lo Dionisíaco

Nietzsche, en su obra El nacimiento de la tragedia en el espíritu de la música, expuso cómo la vida es la continua oposición entre lo apolíneo y lo dionisíaco:

Los dos principios fundamentales

  • Apolo: Representa la racionalidad o el orden, lo que supone el principio de individualización, con una correspondencia entre las palabras y los personajes.
  • Dionisio: Dios del vino y la música, se representa por los impulsos creativos y espontáneos de la voluntad; es inspiración para la música, la danza o la poesía.

La vida es una continua oposición, ya que lo apolíneo trata de imponerse a lo dionisíaco. Los elementos dionisíacos se funden en las intervenciones del coro, mientras que Apolo representa lo individual en la tragedia. La tragedia clásica eliminó el coro y Sócrates finalizó este proceso con su visión reflexiva de la vida. Con el cristianismo, se ha destacado lo apolíneo en la cultura europea. A pesar de que el vitalismo ensalza lo dionisíaco, Nietzsche propone el reconocimiento de ambas fuerzas para recuperar el sentido originario de la tragedia; la vida, por tanto, se nutre de la trágica necesidad de que ambas fuerzas se opongan.

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