La Naturaleza y Misión de la Iglesia: Pueblo, Cuerpo y Templo de Dios
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El misterio de la Iglesia
Pueblo de Dios
En la Iglesia se hace presente el misterio de que Dios es amor. Dios nos llama a una relación personal con Él, pero no nos convoca en solitario, sino para formar un pueblo.
Cuerpo de Cristo
La imagen de la Iglesia como Cuerpo de Cristo nos revela tres aspectos fundamentales:
- La unidad de los fieles entre sí por su unión con Cristo: Jesús, al llamarnos a Él, nos une entre nosotros, del mismo modo que, en el cuerpo, la diversidad de miembros forma una sola realidad.
- Cristo es la Cabeza del Cuerpo que es la Iglesia: Los fieles renacen en la Iglesia como hombres nuevos semejantes a Cristo. La Cabeza, que es Cristo, vivifica a todo el cuerpo mediante los Sacramentos, especialmente por la Eucaristía.
- La Iglesia es la Esposa de Cristo: Cristo dio su vida por la Iglesia y no deja de cuidarla como parte de su propio Cuerpo.
Templo de Cristo
La Iglesia es la comunidad de los cristianos, no el edificio donde se reúnen. Para construir este templo vivo, el Espíritu Santo otorga a los cristianos diversos dones, carismas y ministerios:
- Sacerdocio ministerial: Los clérigos sirven a la Iglesia gobernando, enseñando y santificando por medio de los Sacramentos.
- Sacerdocio común: Por el Bautismo, cada fiel se hace «otro Cristo» y asume su misión sacerdotal.
- La organización jerárquica de la Iglesia: Su poder proviene de Cristo, no de la asamblea. Es el mismo Cristo quien actúa por medio de sus ministros sagrados.
Madre y Maestra
La Iglesia es madre: La Iglesia, como Jesús, recibe a todos, con especial atención a los débiles y pecadores. Se rige por la ley del Amor; no juzga, sino que consuela y cura. La Iglesia es santa no porque sus miembros sean santos, sino porque Dios, que actúa por medio de ella, es santo. Estar en la Iglesia no es como pertenecer a una asociación o a una empresa; es renacer en ella como hijos de Dios.
La Iglesia es maestra: La Iglesia nos orienta en el camino hacia la santidad con su Magisterio vivo, que brota de Cristo y del Espíritu Santo. De aquí proviene la infalibilidad del Papa y del Magisterio de la Iglesia.