Neoliberalismo, Estado Remercantilizador y Transformaciones del Trabajo en la Unión Europea
Cambios políticos y económicos: se busca el retorno al Estado mínimo liberal. Surge el Estado remercantilizador, caracterizado por la privatización de los sistemas públicos o la adaptación de sectores al mercado, en un contexto de crisis de la idea de lo público frente al auge de lo privado. Se habla de una crisis del Estado de Bienestar, con un incremento de los gastos sociales y una menor eficacia redistributiva. Además de generar consenso social para someterse a la lógica económica, las instituciones públicas buscan legitimar un modelo que moldee las percepciones de la ciudadanía: la exaltación de la actividad empresarial y de la figura del emprendedor. El libre mercado se convierte en la aspiración máxima y se rechazan las políticas que fomentan la dependencia del Estado. Ello tiene influencia en la reducción de subsidios por desempleo y en las políticas de empleo. Asimismo, se impulsa una política económica basada en la desindustrialización y la privatización de servicios públicos, así como en cargas fiscales sobre los movimientos de capital. El resultado es un endeudamiento permanente de las administraciones públicas. Boltanski y Chiapello sostienen que nos encontramos ante un nuevo espíritu del capitalismo.
En la Unión Europea, las instituciones comunitarias y los gobiernos han desarrollado un cambio legislativo con nuevos conceptos: lifelong learning, activación y flexiguridad. Durante la crisis actual, el papel del Estado como responsable se ha debilitado aún más, con la introducción de nuevas prácticas que impulsan el emprendimiento, la innovación, la flexibilidad y la responsabilidad individual como motores de la actividad económica y de la política social.
Transformaciones del mundo del trabajo
Los cambios en el mundo del trabajo producen una rearticulación de las tareas mediante formas de trabajo en equipo. Los puestos de trabajo se caracterizarían por:
- Ser más homogéneos.
- Corresponder a un grupo de trabajadores y, por tanto, ser intercambiables.
- Un grado de implicación y responsabilidad del trabajador cada vez mayor.
- Dirección y control del trabajo del grupo interno, por lo que la responsabilidad es colectiva.
Gracias a los ordenadores y máquinas autómatas, las tareas simples ya no necesitan la intervención de una persona. Esto permite una recualificación de la mano de obra empleada y, con ello, el fin de la división absoluta entre trabajo intelectual y manual. Sin embargo, algunos autores consideran que esta tendencia solo vale para una pequeña parte de los nuevos puestos de trabajo, ya que el mantenimiento y la creación de nuevos trabajos monótonos, destinados a tareas repetitivas y realizados por mano de obra descualificada, siguen siendo importantes.
Efectos de la recualificación y la intensificación del trabajo
La recualificación del trabajo viene acompañada de su intensificación y de los siguientes efectos:
- Prescindir de mano de obra y reducir costes salariales, con el consiguiente aumento del desempleo.
- El «efecto chantaje», derivado de una mayor competencia entre trabajadores.
- Un aumento de la jornada laboral y tareas más intensas, lo que conlleva más estrés.
- Las nuevas tecnologías fomentan la conexión permanente con el trabajo (correo electrónico, móvil), lo que no reduce la carga laboral.
- Se desvinculan las trayectorias laborales y biográficas, poniendo fin al empleo estable.
- Mayor precariedad laboral, que afecta a un gran segmento del mercado.
El trabajo está dejando de ser un derecho para convertirse en un servicio mercantil. Esto genera cambios en las relaciones laborales:
- Descentralización de la negociación colectiva, con un crecimiento de convenios y acuerdos de empresa.
- Individualización de las condiciones de trabajo.
Como resultado, se produce una mayor fluidez por dos causas: la promoción o el despido. Ello hace necesario contar con competencias y cualificaciones que sirvan para encontrar empleo con más facilidad cuando se pierde. Estos cambios, además, dificultan la posición sindical.
En España, las reformas laborales (2012) han favorecido la individualización de las relaciones laborales mediante las ETT, los contratos temporales, las cláusulas de descuelgue y una mayor facilidad para realizar un expediente de regulación de empleo.