Nietzsche: muerte de Dios, nihilismo y crítica a la ciencia moderna
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Comentario: Problema de Dios de Nietzsche
Comentario Problema de Dios de Nietzsche. En este fragmento de La gaya ciencia, que se nos presenta para comentar, Nietzsche reflexiona sobre lo que considera el suceso más importante, desde el punto de vista espiritual, de los tiempos modernos: la «muerte de Dios». El progreso científico y la crítica ilustrada a la religión han minado los fundamentos de la fe religiosa, de tal modo que la creencia en el Dios monoteísta cristiano se ha hecho imposible. La consecuencia más preocupante de esta pérdida de fe es el nihilismo; esto es, el derrumbamiento de todos los valores superiores que la cultura occidental había fundamentado en la divinidad, derrumbamiento que ha desfondado la existencia humana, vaciándola de sentido. Sin embargo, Nietzsche considera que el nihilismo puede ser positivo, porque el eclipse del viejo Dios ofrece la oportunidad al hombre de tomar las riendas de su destino y lanzarse a la apasionante aventura de crear por sí mismo nuevos valores que potencien y den sentido a su vida.
Puntos clave
- Muerte de Dios: pérdida de la base metafísica y religiosa de los valores occidentales.
- Nihilismo: riesgo de vacío de sentido, pero también oportunidad de recreación de valores.
- Propuesta nietzscheana: transformar la carencia metafísica en impulso creador y afirmación de la vida.
Comentario: Teoría del conocimiento de Nietzsche
Comentario Teoría del conocimiento de Nietzsche. En este fragmento de La gaya ciencia, que se nos presenta para comentar, Nietzsche lleva a cabo una crítica a la ciencia moderna. Nietzsche descubre que, bajo el afán de verdad de la ciencia moderna, se esconde la creencia metafísica platónico-cristiana en un mundo trascendente distinto al mundo de la vida, a este mundo. En la primera afirmación se establece la tesis del texto: la voluntad de verdad sugiere, o puede hacernos sospechar, que al mismo tiempo pueda ser voluntad de muerte. La pregunta “¿para qué ciencia?” en el fondo es la misma que “¿para qué moral?”, si la vida y la naturaleza son amorales. El científico, igual que el moralista, pretende algo imposible e iluso: el conocimiento de la Verdad. En el mundo real, la regla es la mentira y la inmortalidad. El mundo real desprecia la verdad. La vida es algo en perpetuo devenir, una realidad trágica; la verdad es algo ajeno a ella. Por tanto, creer, como cree el científico, que la realidad vital es apresable conceptualmente responde al mismo prejuicio metafísico del moralista de creer que existe otro mundo inmutable y verdadero, expresable en conceptos. Afirmar otro mundo distinto al de la vida —el mundo de la nada, el de la muerte— es, al mismo tiempo, odiar y negar este mundo, el real, el de la vida, en el cual no cabe la verdad. Por tanto, la fe en la ciencia se apoya en una fe metafísica: la creencia en la Verdad, en Dios. La ciencia, en un intento de sustituir a la religión y a la metafísica, lejos de diferenciarse de éstas, al creer en la verdad comparte con ellas la creencia en un mundo distinto al de la vida, un mundo de conceptos generados por la racionalidad, los cuales expresarían la verdad. Por esto, la ciencia moderna, dice Nietzsche, enciende su fuego en la lumbre de la metafísica platónica y de la religión cristiana: en la lumbre de que Dios es la verdad y la verdad es divina. Ahora bien, con la muerte de Dios —cuando Dios se presenta como la mayor mentira—, lo mismo que mueren y se derrumban los valores morales, también lo hace el valor de la verdad, ya que ésta estaba asociada a Dios. Lo único que queda es la voluntad de error, propia del arte, en lugar de la voluntad de verdad científica, nihilista y antivital.
Ideas principales
- Crítica a la objetividad: la ciencia comparte un trasfondo metafísico que presupone una Verdad trascendente.
- Vida vs. Verdad: la vida es devenir y oposición a la idea de una verdad inmutable.
- Consecuencia: la desaparición de Dios implica también la caída del valor absoluto de la verdad científica; queda la posibilidad estética de la «voluntad de error».
Conclusión
Estos comentarios muestran la doble dimensión del pensamiento nietzscheano: por una parte, la crítica radical a los fundamentos metafísicos y religiosos que sustentan la noción de verdad y, por otra, la llamada a transformar la crisis nihilista en una oportunidad creadora. La muerte de Dios no es solo un diagnóstico del vacío de sentido, sino también una invitación a asumir la tarea de forjar nuevos valores que afirmen la vida.