Nietzsche: muerte de Dios, nihilismo y el surgimiento del superhombre

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La posición de Nietzsche frente a la moral tradicional

Nietzsche nos afirma que, ante este problema, el hombre es débil, anterior al superhombre. Sigue los dictados de la moral tradicional: se trata de una moral de los esclavos, donde lo fundamental es la resignación y el rechazo a la vida. Lo antinatural niega los instintos vitales y su fundamento ha sido Dios. Además, Dios —o la razón entendida como Dios— ha sido el fundamento de la moral, de la creencia de que existe una verdad única y de que la vida individual debe sacrificarse en aras de otra vida futura.

Así, Dios es el fundamento último de la voluntad de verdad y del platonismo, y por lo tanto es el gran enemigo frente al surgimiento del superhombre, que tiene voluntad de poder. Por ello, para que el superhombre pueda llegar a ser, hay que acabar con Dios y con la voluntad de verdad que este representa. Dios ha sido la gran objeción contra la vida y es necesario negarlo para dar valor a la vida (la «muerte de Dios»).

La época moderna y el nihilismo

Esta negación ha ocurrido en la época moderna, donde Dios ha muerto. Con ello, todos los valores tradicionales se derrumban, surgiendo una nueva época dominada por el nihilismo.

El nihilismo puede entenderse en dos sentidos:

  • Sentido negativo: en cuanto a que, con el derrumbe de los valores, se cae en la posibilidad de ausencia de sentido en la existencia.
  • Sentido positivo: en cuanto a que la muerte de Dios es una oportunidad para la transmutación de los valores y el surgimiento del superhombre.

La transmutación de los valores y la voluntad de poder

La transmutación de los valores implica que ya no se valorará desde el resentimiento contra la vida, sino desde la voluntad de poder, desde los instintos que en cada caso potencian la vida. Esta transmutación será realizada por el superhombre, producto de la evolución del hombre débil.

Las tres metamorfosis del espíritu

Esta evolución del espíritu hasta el superhombre pasa por tres estados:

  • El camello: asume su deber racional.
  • El león: el nihilista que se rebela frente a todo.
  • El niño: que hace de la vida un juego.

El superhombre y el eterno retorno

Este último es la representación del superhombre, que tiene la voluntad de poder y admite la vida como un eterno retorno. Es capaz de crear una vida tan intensa que la posibilidad de que pueda ser repetida infinitas veces le parece maravillosa. El superhombre rechaza la moral de esclavos y la conducta gregaria.

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