Nietzsche y la Transvaloración de los Valores: Del Nihilismo al Superhombre

Clasificado en Filosofía y ética

Escrito el en español con un tamaño de 3,63 KB

El resentimiento contra la vida

A la separación entre razón y vida de la metafísica platónica se unió posteriormente la nefasta influencia del cristianismo, que sustituyó el politeísmo clásico por un Dios único, frente al cual la vida aparece como una realidad inferior y devaluada. Se trata de una religión hostil a la vida, que niega el cuerpo por pecaminoso y que impone una moral del resentimiento, que proyecta los valores en un Dios situado en el Más Allá, frente al cual el mundo y el ser humano no son nada. El cristianismo es, pues, uno de los principales síntomas de la decadencia que corroe a la cultura occidental.

La inversión de los valores: Moral de señores y de esclavos

El cristianismo llevó a cabo una inversión de valores: en la Antigüedad había imperado una «moral de señores», basada en valores que exaltaban la vida; el cristianismo, en cambio, introdujo una «moral de esclavos», enaltecedora de lo humilde y de lo débil, en la que se condenan la belleza corporal y la elevación del espíritu. Individuos pusilánimes impusieron su mediocre concepción del ser humano, al tiempo que tachaban al más fuerte e inteligente de pecador. Partiendo de un Dios alejado de la vida, penalizaron todo lo que en el ser humano hay de generoso, de noble y de fuerte, e instauraron un culto a la muerte y a la enfermedad, que perjudica a la vida.

La «muerte de Dios» y el nihilismo

Sin embargo, la Ilustración y el avance de la ciencia han provocado la «muerte de Dios», es decir, la pérdida del fundamento religioso sobre el que se sustentaba el sistema de valores de nuestra cultura. Con ello, aparece el nihilismo (del latín nihil, 'nada'), fenómeno por el cual, al eclipsarse Dios, todos los valores supremos que se sustentaban en Él pierden su validez y la existencia humana se hunde en el vacío.

Síntomas del nihilismo en la cultura

Los síntomas del nihilismo son la filosofía pesimista de A. Schopenhauer, la decadente música wagneriana o los vacíos «ídolos» de nuestra época: el Estado, el progreso, la utilidad, la ciencia..., en los que el ser humano se esfuerza en vano por creer, tras la «muerte de Dios», y que dan lugar a nuestra época, en la que triunfa una moral niveladora y democrática, síntoma de la debilidad, de la desesperación y del hastío vital del ser humano contemporáneo: el «último hombre».

El aspecto positivo del nihilismo

Pero el nihilismo tiene también un aspecto positivo: si «Dios ha muerto», el horizonte se encuentra abierto para que la creatividad humana pueda producir valores nuevos que den sentido a la vida. La crítica a Dios de Nietzsche culmina, así, en una estética. En un mundo dominado por el eterno retorno —que asegura para la tierra la eternidad atribuida antes a Dios—, el superhombre del futuro, ejerciendo su voluntad de poder, deberá decir de manera rotunda «sí» a la vida y, situándose «más allá del bien y del mal», practicar una «filosofía a martillazos», que sirva para derribar todos los valores que ahogan la vida, llevando a cabo una transvaloración que sustituya los ídolos de la decadencia por nuevos valores capaces de potenciar la vida.

Entradas relacionadas: