La Novela Española del 98 a la Transición: Movimientos y Autores Clave

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A) La Generación del 98

Se denomina Generación del 98 a una serie de escritores españoles que vivieron en su juventud el desastre colonial de España de 1898 y que, por ello, se mostrarán preocupados por la realidad española, adoptando ante ella una postura crítica. Sienten la necesidad de una renovación moral del país y convierten el tema de España en uno de los centrales de su producción literaria. Coinciden con los modernistas en el rechazo del positivismo y de la literatura realista, en el deseo de una renovación estética y en la reivindicación de la libertad creadora del artista.

El núcleo de la Generación del 98 fue llamado el "Grupo de los Tres", formado por Ramiro de Maeztu, Pío Baroja y José Martínez Ruiz "Azorín". Publican en 1901 un manifiesto en el que denuncian la descomposición espiritual de España y expresan su deseo de regeneración, con ideas anarquistas. Poco después, este grupo se deshace y sus posturas ideológicas se acercarán cada vez más al conservadurismo. Además de estos tres autores, se incluye en la nómina del 98 a Miguel de Unamuno, que les sirvió de maestro.

Características de la Generación del 98

  1. Se detecta en sus obras la influencia de filósofos irracionalistas, de los que toman el tema de la angustia vital, las preocupaciones existenciales y el pesimismo.
  2. Gran interés por el tema de la existencia humana: el sentido de la vida, el destino del hombre, la trascendencia...
  3. Su preocupación por la situación nacional convierte el tema de España en eje central de sus obras. Parten de un conocimiento profundo de la realidad española que consiguen a través de sus viajes y de la lectura de los autores clásicos. Exaltan el paisaje y los pueblos, y se interesan por su historia en la que esperan descubrir la esencia de lo español. En sus escritos realizan una revisión del pasado y muestran una sensibilidad especial ante los aspectos más desoladores de la realidad nacional. Dedican especial atención a cuestiones relacionadas con la vertebración del país o la integración de los “regionalismos”. Critican, sobre todo, a los gobernantes corruptos, el atraso del campo y los vicios nacionales. En su visión idealista de la regeneración social, creen que los problemas de España hallarán solución cuando se produzca en el pueblo un cambio de mentalidad. El deseo de modernizar el país les hace volver sus ojos a Europa y expresan la necesidad de "europeizar España". En una segunda etapa, reivindican los valores nacionales, los más castizos, y hablan de "españolizar Europa". Buscan la esencia de lo español y de los valores eternos en las tierras de Castilla, en su historia y en su literatura. Y aunque se centran tanto en el paisaje castellano como en su “paisanaje” para ello, también les sirven para representar el atraso nacional.
  4. Contribuyen poderosamente a la renovación literaria: Repudian la retórica y el prosaísmo del Realismo; buscan un estilo sobrio, sencillo, aunque cuidado. Gusto por las palabras tradicionales y arcaísmos. Tendencia al subjetivismo y al lirismo. Renuevan los géneros literarios: el ensayo moderno, la "nivola" de Unamuno...

Autores de la Generación del 98

José Martínez Ruiz, Azorín (1873-1967)

A través de su faceta como crítico literario y en sus artículos muestra una evolución desde el inicial radicalismo anarquista de su juventud hasta adoptar en su madurez un tono mesurado y conservador. Este autor se caracteriza por una actitud melancólica frente a la conciencia del paso del tiempo cuyo flujo pretende apresar a través de la contemplación del paisaje. De hecho, Azorín supo captar como nadie el alma castellana a través de la contemplación de su paisaje. Cultivó el ensayo y la novela tendiendo a difuminar los límites entre ambos géneros y aunque subtituló como novela unos quince libros, estos apenas se distinguen de los ensayos propiamente dichos. Crea textos narrativos que difícilmente pueden considerarse novelas, pues significan una marcada ruptura con la novela tradicional: ausencia de trama, anulación del movimiento y del tiempo, tono ensayístico.

Además, presta gran atención a las descripciones para expresar a partir de ellas el estado de ánimo de sus personajes. Las principales cualidades de su estilo son la precisión y la claridad. De ahí el empleo de la palabra justa y de la frase breve, además de la atención al detalle en sus descripciones.

Obras destacadas de Azorín:
  • La voluntad (1902): cuyo personaje, Antonio Azorín, vive angustiado por encontrar sentido a su propia existencia y de quien tomará su seudónimo el autor.
  • Las confesiones de un pequeño filósofo (1904): que también presenta elementos de carácter autobiográfico.
  • Castilla (1912): que a través de una visión melancólica ofrece detalles de la vida castellana que reflejan la esencia de España.

Miguel de Unamuno (1864-1936)

Poeta, dramaturgo, ensayista y novelista bilbaíno que es considerado como guía de los jóvenes del 98. Expresa en sus obras inquietudes filosóficas de carácter vitalista y existencial (se plantea el sentido de la existencia humana, de la vida y de la muerte, el ansia de eternidad, la existencia de Dios...). Destacó como uno de los pensadores e intelectuales de mayor influencia en el siglo XX por la profundidad de ensayos como En torno al casticismo, Vida de Don Quijote y Sancho o Por tierras de Portugal y España.

Sin embargo, es la novela el género literario al que este autor ha aportado mayor grado de renovación en cuanto al lenguaje, la forma y las técnicas narrativas. Sus relatos de carácter existencialista canalizan sus inquietudes intelectuales y expresan su pensamiento renunciando a la narración tradicional, hasta el punto de haber creado un modelo propio de novela a la que él mismo bautizó como “nivola” con la intención de marcar diferencia frente a las novelas realistas. Puesto que, para Unamuno lo fundamental es el análisis del interior del individuo (su pensamiento, expresión de su angustia y dolor vital), sus personajes suelen obedecer a esta idea.

Obras destacadas de Unamuno:
  • Amor y pedagogía (1902): sobre la preferencia entre una educación racional o emocional.
  • Niebla (1914): que desarrolla la historia de un hombre que desconfía de su propia existencia hasta que descubre que no es más que el personaje de una novela de Miguel de Unamuno.
  • Abel Sánchez (1917): que se centra en la envidia.
  • La tía Tula (1921): que se centra en el sentimiento de maternidad frustrada.
  • San Manuel Bueno, mártir (1930): que trata sobre un sacerdote considerado santo por todo el mundo, pero que en realidad carece de fe.

Pío Baroja (1872-1956)

Novelista inconformista e independiente, de carácter rebelde y escéptico. Comenzó defendiendo ideas regeneracionistas y anarquistas y acabó en una actitud de total desilusión y escepticismo. La novela, para él, es un género en el que cabe todo: desde la reflexión filosófica o sociológica a la aventura, la crítica, el humor, etc. Se caracteriza por la tendencia a la frase corta y al párrafo breve, marcada presencia del narrador a través de comentarios y reflexiones, número abultado de personajes que en general carecen de profundidad psicológica y aparecen caracterizados por su acción y diálogos, ambientes de perfiles difusos y descripciones rápidas, precisas y poéticas. Escribió casi cien obras que él mismo organizó en trilogías.

Trilogías y obras reseñables de Baroja:
  • La busca (1904): pertenece a la trilogía La lucha por la vida, centrada en el tema de Madrid y sus ambientes y clases sociales.
  • Zalacaín el aventurero (1909): de la trilogía Tierra vasca que trata las costumbres marítimas propias de esta zona geográfica.
  • El árbol de la ciencia (1911): que desarrolla la angustia ante la existencia, y corresponde a la trilogía La raza.

Valle-Inclán y el Esperpento

Ramón María del Valle-Inclán comenzó su trayectoria narrativa con una producción modernista. Defendía la concepción aristocrática de este movimiento como expresión estética antiburguesa y reivindicaba la ficción, la fábula y la leyenda. Progresivamente, fue introduciendo innovaciones en su técnica novelística hasta culminar en su producción máxima, el esperpento.

Las Sonatas

Son cuatro novelas publicadas por este orden: Sonata de otoño (1902), Sonata de estío (1903), Sonata de primavera (1904), Sonata de invierno (1905). Son las supuestas memorias del marqués de Bradomín, un "don Juan feo, católico y sentimental", rodeadas de leyenda, misterio y aventuras amorosas. En cuanto al estilo, usa una prosa rítmica, refinada y rica en efectos sensoriales en línea modernista.

La Guerra Carlista

Trilogía formada por Los cruzados de la causa, El resplandor de la hoguera y Gerifaltes de antaño. Se destaca el heroísmo romántico de las partidas carlistas y la brutalidad de la guerra.

Novelas del Esperpento

El esperpento es la técnica que deforma la realidad para mostrar su lado grotesco y trágico.

  • Tirano Banderas (1926): que supone el origen de las novelas de dictador.
  • La trilogía de El ruedo ibérico: compuesta por La corte de los milagros, Viva mi dueño y Baza de espadas. Con esta trilogía, cuya temática es el socialismo y comunismo, se anticipa a las novelas de personaje colectivo.

Novela Novecentista (Generación del 14)

Los novelistas de la Generación del 14 parten de las ideas renovadoras propugnadas por Ortega y Gasset (novela intelectual y deshumanizada para llegar al goce artístico "puro").

Ramón Pérez de Ayala (1880-1962)

Creó una novela experimental, preocupada por el tema de la conciencia. Evoluciona de un relato autobiográfico, de carácter noventayochista, a una novela intelectual.

Obras destacadas:
  • Belarmino y Apolonio (1921)
  • Tigre Juan (1926)

Gabriel Miró (1879-1930)

Sus novelas poseen un carácter lírico. Aunque no falta la acción, prima la emoción; los hechos narrados se diluyen en impresiones y sensaciones. Busca la belleza formal.

Obras destacadas:
  • Las cerezas del cementerio (1910)
  • Nuestro padre san Daniel (1921)

La Narrativa de la Década de 1930 y la Novela del Exilio

La novela de los años treinta, como la poesía, había tendido hacia la rehumanización y el compromiso social, tras abandonar la deshumanización de los años veinte. En esta línea se encuentra la literatura de Ramón J. Sender, Max Aub, Francisco Ayala, Rosa Chacel, etc., quienes, al acabar la guerra, marchan al exilio por su apoyo a la República. Su obra se realiza al margen de la literatura que se hace en España y, en general, tratan con insistencia sobre el tema de la guerra.

Ramón J. Sender (1902-1982)

Escribe, en los años treinta, novelas históricas de compromiso social, como Imán (1930), sobre la guerra de Marruecos; Siete domingos rojos (1932), en torno a unos anarquistas, y Mr. Witt en el Cantón (1935), situada en el alzamiento federal de Cartagena, en 1873. En el exilio escribe novela autobiográfica sobre la Guerra Civil, como Crónica del alba (1942), y destaca Réquiem por un campesino español (1953), que muestra los conflictos de la Guerra Civil en un pequeño pueblo aragonés.

Max Aub (1903-1972)

Empieza haciendo teatro vanguardista antes de la guerra. En el exilio destaca con novelas sobre la Guerra Civil, que agrupa en El laberinto mágico (formado por Campo cerrado, Campo de sangre, Campo abierto, Campo del moro, Campo de los almendros y Campo francés), escritas entre 1943 y 1968. Combina la novela experimental con el relato realista.

Francisco Ayala (1906-2009)

Se inicia en la literatura vanguardista de los años veinte. En su exilio escribe una narrativa realista, a veces sobre personajes históricos españoles, como Los usurpadores (1948). También recoge el tema americano desde una perspectiva de crítica política y social en Muertes de perro (1958) y El fondo del vaso (1962). A veces emplea una perspectiva cercana al esperpento como, por ejemplo, en Historia de Macacos (1955).

Rosa Chacel (1898-1995)

Inicia su obra en la estética vanguardista, antes de la guerra. En el exilio escribe novelas centradas en la psicología de los personajes femeninos: Memorias de Leticia Valle (1946), o novela intelectual: La sinrazón (1960).

La Novela Española de Posguerra

2.1. Década de los 40: El Tremendismo

La Guerra Civil supuso un corte profundo con la tradición inmediata: quedan rotas las tendencias renovadoras de Unamuno y Valle-Inclán. La novela de posguerra da un salto hacia atrás y se entronca con la segunda mitad del siglo XIX.

Características generales de los años 40:

  • Aislamiento (en todos los planos).
  • Censura: factor de mayor incidencia en la vida cultural española que condiciona obras y autores. Existía, además, una doble censura: la política y la religiosa, a veces contradictorias.
  • Traducciones de novelas extranjeras, más o menos mediocres o, al menos, alejadas de las nuevas tendencias, como las de Pearl S. Buck, Cecil Robert, Maurice Baring...
  • Aparición de revistas culturales patrocinadas por el régimen en las que se observa la preceptiva, cómo debía ser la literatura en su relación con el régimen triunfante, pero que también ayudaron a la difusión de nuevos autores.
  • Aparición de buen número de novelas relacionadas con el acontecimiento bélico, todas ellas desde el punto de vista del vencedor. Algunas no merecen el calificativo de "literarias". Ignacio Agustí y Juan Antonio Zunzunegui mantienen un cierto nivel artístico siguiendo la tradición decimonónica.

En el plano novelístico la década de los 40 podría definirse como realista-tremendista. Por tremendismo se entiende "un desquiciamiento de la realidad en un sentido violento", una "sistemática representación de hechos desagradables e incluso repulsivos".

La verdadera historia de la novela española de posguerra se inicia a partir de la revelación de Camilo José Cela, rememoración autobiográfica desde la cárcel, próxima su ejecución, de Pascual Duarte, el bueno y brutal campesino en cuyas desgracias tanto pesaron los otros: la familia, el ambiente. El tremendismo se convirtió en moda, efímera como todas, y los aspectos violentos, desquiciados y repulsivos abundaron entonces. Se suele explicar este ismo como sucesión lógica de las crueldades de la guerra, tan recientes y difíciles de olvidar. Mayor o menor tremendismo existe en La sombra del ciprés es alargada de Miguel Delibes (1920-2010) y Los Abel de Ana Mª Matute.

Características comunes del Tremendismo:

  • Visión pesimista y existencial de la vida que se refleja en ambientes opresores y asfixiantes.
  • Temática relacionada con la soledad, la inadaptación, el desarraigo o la frustración del individuo que acentúa la amargura de la vida cotidiana.
  • Personajes desorientados, frustrados…
  • Se concede importancia al mundo interior del personaje y ello puede verse reforzado por la perspectiva narrativa en primera persona.
  • Falta de crítica directa o de denuncia de la situación.
  • Técnica sencilla sometida a los parámetros de la narrativa tradicional que se traduce en un estilo sobrio y sencillo, vocabulario a menudo asociado a connotaciones negativas en consonancia con la tristeza, el pesimismo y el desencanto propio de esta corriente.

2.2. La Década de los 50: El Realismo Social

El decenio de los 50 supone un enriquecimiento de la novela en España. Va a predominar una literatura realista de corte objetivista, atenta a los condicionamientos socio-históricos (que se prolongará hasta la década de los 70). Este cambio de actitud se corresponde con cambios de técnica literaria. Coincide este despegue literario con la integración paulatina de España en los organismos internacionales, vuelta de los embajadores y una lenta recuperación económica.

El inicio, como en la década anterior, lo marca la aparición, en 1951, de La colmena de Camilo José Cela; obra rechazada por la censura en 1946 y publicada en Buenos Aires. La intención de La colmena es ofrecer un testimonio de la vida de "la gente de la calle" de la sociedad de los 40. Su tema central es la incertidumbre de los destinos humanos y en torno a esto, el hambre, el sexo, el dinero, la guerra y sus consecuencias. Aparecen en esta obra rasgos que caracterizan las novelas de los 50: personaje colectivo, visión caleidoscópica, reducción espacio-temporal, relato abierto. La acción de La colmena discurre en el Madrid del 42, durante tres días, "entre un torrente o una colmena de gentes que a veces son felices y otras no". Aparecen 160 personajes y se puede decir que la protagonista es la ciudad, Madrid.

Esta tendencia abierta por Cela es continuada por Luis Romero (La noria, 1952, novela-masa que ofrece una visión de Barcelona). Estas dos novelas son el preludio de la corriente de nuevos escritores que en esta década irrumpen con una actitud crítica y realista ante la sociedad; el llamado "realismo social" (denuncia la injusticia y desigualdad con propósito de crítica). Se suelen agrupar bajo el nombre de Generación del medio siglo. Estos autores comparten supuestos ideológicos y participan de preocupaciones temáticas y formales. Su estilo se caracteriza por una deliberada pobreza léxica, una tendencia populista, relato objetivista (e incluso conductista en Rafael Sánchez Ferlosio y Juan García Hortelano), con influencia de las técnicas cinematográficas, reducción espacio-temporal y una propensión al personaje colectivo. Los temas principales de las obras de estos novelistas son la infructuosidad y la soledad social: los españoles están divididos y separados en clases, en barrios, en colonias; esta separación (infructuosa, pues no hay relación) es repercusión de la guerra.

Características de la narrativa de los 50:

  • Estructura aparentemente sencilla.
  • Narración lineal.
  • Relato objetivista basado en técnicas cinematográficas.
  • Abundancia de personajes. Protagonista colectivo.
  • Concentración espacio temporal.
  • Predominio del diálogo frente a las secuencias narrativas.
  • Caracterización del habla de las distintas clases sociales.
  • Temática centrada en la situación del pueblo: la abulia, sobre el campo, el obrero, la vivienda…

2.3. Las Décadas 60 y 70: La Renovación de las Formas Narrativas

El año 1962 es considerado muy significativo para la literatura española. Por una parte, Vargas Llosa gana con La ciudad y los perros el premio Biblioteca Breve, lo que dará origen a la influencia de la literatura hispanoamericana en España. De otro lado se publica Tiempo de silencio de Luis Martín Santos (1926-1964), que indica la nueva dirección que la crítica al realismo social exigía: desaparece ya el afán de ‘testimonio objetivo’ imperante hasta este momento, en favor de una visión dialéctica de la realidad española basada en la confrontación de diferentes estratos ideológicos y sociológicos del país que se refleja en la estructura misma de la novela.

Tiempo de silencio es pues el epílogo de la tendencia social realista y el inicio de otra etapa que en principio el autor calificó de "realismo dialéctico". Esta obra tiene también un lugar destacado en la renovación estética de la novela al ser considerada la novela precursora de la narrativa experimental en España. Lo novedoso de Martín Santos radica en lo formal, en su estilo, rompiendo definitivamente con el realismo convencional:

Novedades formales de Tiempo de silencio:

  • Explota el monólogo interior, cuya principal función es caracterizar a los personajes.
  • Promueve un constante cambio de narrador (1ª, 2ª, 3ª persona).
  • Recurre a digresiones para ironizar y criticar sucesos.
  • Ofrece distintos registros lingüísticos.
  • El protagonista no es colectivo o sin historia, sino que es un hombre agobiado por sus dudas, sus circunstancias.
  • El narrador no es limitado, y por tanto juzga, valora y denuncia la incapacidad española para la ciencia y replantea el tema de España.

Sin embargo, la tendencia del realismo social se prolonga hasta los 70, aunque su declive se inicia tras el impacto de Tiempo de silencio, continuado en las novelas de Juan Marsé (Últimas tardes con Teresa, 1966) y Juan Goytisolo (Señas de identidad, 1966). Otros puntos que contribuyen a la disolución progresiva del realismo social son el conocimiento de la obra de los exiliados, la proliferación de premios, la irrupción de la novela hispanoamericana. Para algunos escritores este cambio se produce por el fracaso de la literatura como arma política.

El realismo dialéctico vendría a ser una prolongación del realismo social, con una evolución: incorpora nuevas técnicas narrativas (uso del monólogo interior y corriente de conciencia, ruptura de linealidad temporal, riqueza lingüística...) y cambia de postura ante el hecho social (desmitificación de los valores tradicionales y presentación de un personaje conflictivo en busca de su propia identidad).

La Novela Estructural o Experimental

También a finales de los 60 y principios de los 70 surge una tendencia narrativa opuesta a la novela realista: la llamada "novela estructural o experimental". Avanzadilla es la obra de Juan Benet Volverás a Región, 1967. Otras novelas: San Camilo 1936, Oficio de tinieblas 5, de Camilo José Cela; Parábola del náufrago, de Miguel Delibes; La saga/fuga de J.B., de Torrente Ballester; Una meditación, de Juan Benet; Reivindicación del conde don Julián, de Juan Goytisolo; Si te dicen que caí, de Juan Marsé; Inés just coming, de Alfonso Grosso.

Características de la narrativa experimental:
  • La trama se reduce considerablemente. Obras con más reflexión que anécdota.
  • Aparece lo imaginativo, lo simbólico, lo onírico.
  • Crítica a una época anterior a la narración: hay un distanciamiento del presente.
  • Vuelta al personaje individual, pero no tradicional; no es un héroe, sino antihéroe. A veces sin nombre.
  • Se pierde la linealidad, reducción temporal, saltos, flash-back, simultaneidad...
  • Uso del monólogo interior, con perfecta plasmación en el lenguaje.
  • Dificultad estructural y cuidada elaboración estilística.

2.4. La Novela a partir de 1975 (Posfranquismo)

Con la muerte de Franco, la vida cambia sustancialmente en España. A esta transformación contribuyen la generalización de las libertades, el acercamiento a Europa y el poder de los grandes grupos de comunicación de masas. En este contexto, la novela española prosigue su evolución y abandona la experimentación para retomar el relato tradicional.

Conviven varias generaciones de narradores: autores de posguerra (Cela, Delibes, Gonzalo Torrente Ballester, entre otros), novelistas de los años sesenta y setenta (Juan Marsé, Álvaro Pombo, Julio Llamazares...). El auge de los grupos de comunicación y la generalización de la cultura crean una amplia masa de lectores que demandan novelas entretenidas; la literatura se mercantiliza en exceso. Aparece en estos años una gran producción, variada en cuanto a temas, estilo y calidad, aunque no existe una corriente dominante.

El giro en la novela española, desde el experimentalismo de principios de los setenta, se produce ya en 1975, con la publicación de una de las más importantes novelas de este cuarto de siglo: La verdad sobre el caso Savolta de Eduardo Mendoza. Esta obra, cuya acción se desarrolla en Barcelona entre 1917 y 1919, consolidaba la recuperación de la narrativa conjugando el interés de la intriga con diversas técnicas de novelar, desde el folletín a la novela policíaca, y con diferentes registros estilísticos.

Tendencias narrativas destacadas a partir de 1975:

  • Novela histórica:

    Se vuelve al pasado histórico, distanciándose de los hechos con una intención paródica. Ejemplos: La verdad sobre el caso Savolta (1975) de Eduardo Mendoza; Luna de lobos (1985) de Julio Llamazares; Crónica del rey pasmado (1989) de Torrente Ballester; El hereje (1998) de Miguel Delibes. Destaca una importante y larga serie de novelistas que se ocupan de la Guerra Civil y de la posguerra desde perspectivas múltiples: Soldados de Salamina de Javier Cercas, La voz dormida de Dulce Chacón y Almudena Grandes (El corazón helado, El lector de Julio Verne).

  • Novela intimista:

    Se vuelve a lo privado y al análisis psicológico de personajes, se recrea la infancia y la juventud de manera lírica, ubicándola a veces en espacios rurales y legendarios. Ejemplos: El sur (1983) de Adelaida García Morales; Juegos de la edad tardía (1989) de Luis Landero; Corazón tan blanco (1992) de Javier Marías; Malena es un nombre de tango (1994) de Almudena Grandes.

  • Novela neorrealista o de la Generación X:

    Situada en un espacio conocido, la ciudad de provincias o la gran urbe, trata los problemas de la juventud urbana (salidas nocturnas, uso y abuso de drogas, del sexo, del alcohol y de la música rock...), con una estética muy cercana a la contracultura. Ejemplos: Héroes (1993) de Ray Loriga; Historias del Kronen (1994) de José Ángel Mañas.

  • Novela policíaca:

    Casi siempre influida por la novela y el cine negro americanos. Se caracteriza por poseer una intriga poderosa que atrae al lector. Ejemplos: Manuel Vázquez Montalbán (con el detective Pepe Carvalho); Plenilunio (1997) de Antonio Muñoz Molina; El misterio de la cripta embrujada (1978) de Eduardo Mendoza.

  • Novela de aventuras:

    Emplea ingredientes como la intriga, el suspense, la sentimentalidad o la ambientación histórica. Ejemplos: La tabla de Flandes de Pérez Reverte, Historia del Rey Transparente de Rosa Montero, La sombra del viento de Ruiz Zafón.

  • Metanovela:

    La creación literaria se convierte en tema con un personaje escritor que se ocupa de su novela. Ejemplos: La isla de los jacintos cortados de Torrente Ballester, Beatus ille de Muñoz Molina o El hijo adoptivo de Álvaro Pombo.

Características de la novela a partir de 1975:

  • Recuperación de la trama argumental: se frenan los excesos experimentales de los sesenta y setenta y la novela se concibe como un género que cuenta historias (la intriga es lo primordial en muchas de ellas).
  • Alejamiento del culturalismo, de las referencias culturales.
  • Complacencia en lo personal: los problemas que plantean no trascienden la individualidad de sus protagonistas. Es una novela "posmoderna" en el sentido de que los novelistas renuncian a cualquier explicación o interpretación totalizante del mundo.
  • Tendencia a un estilo tradicional y realista (de frase corta que facilite la lectura) y relato lineal. Sin embargo, hallamos también obras en que aparecen los avances narrativos: uso de primera y segunda persona, monólogo interior, descomposición temporal...
  • Incorporación de escritoras: Un gran número de escritoras se han ido incorporando como novelistas desde las últimas décadas del s. XX en equiparación con los varones (Esther Tusquets, Lourdes Ortiz, Soledad Puértolas, Marina Mayoral, Rosa Montero, Ángeles Caso, Dulce Chacón, Almudena Grandes…).

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