El Ocaso Colonial Español: Cuba, Filipinas y la Guerra de 1898
El mundo campesino aragonés, sin embargo, hasta la Segunda República no vio aparecer formulaciones políticas autonomistas de distintos signos. El apóstol del andalucismo fue el notario Blas Infante, quien en 1916 fundó el primer Centro Andaluz en Sevilla con la intención de ser una expresión de la realidad cultural y social de Andalucía.
La Guerra en Ultramar
Cuba: La Perla de las Antillas
Tras la Paz de Zanjón, los naturales de Cuba esperaban reformas que les otorgasen derechos de representación política en las Cortes, la libertad de comercio y la abolición de la esclavitud. Siguiendo el modelo bipartidista, se crearon en Cuba dos partidos: el Partido Autonomista y la Unión Constitucional. El primero pedía la autonomía para la isla, propugnaba un programa de reformas políticas y económicas y había conseguido una representación en el parlamento español. El Partido Liberal de Sagasta llegó a concretar la abolición formal de la esclavitud en 1888. La ineficacia de la administración estimuló deseos de emancipación y el independentismo fue ganando terreno frente al autonomismo. En 1893, José Martí fundó el Partido Revolucionario Cubano, cuyo objetivo era la independencia y consiguió apoyo de Estados Unidos. En 1891, el gobierno español elevó las tarifas arancelarias para los productos importados a la isla (Arancel Cánovas). El presidente norteamericano William McKinley manifestó su protesta ante tal situación y amenazó con cerrar las puertas del mercado estadounidense al azúcar y al tabaco cubano si el gobierno español no modificaba su política arancelaria en la isla.
La Gran Insurrección y la Guerra de Independencia
En 1879 se produjo una insurrección contra la presencia de los españoles en la isla, llamada Guerra Chiquita. La sublevación de los Mambises fue derrotada por la falta de apoyos, la escasez de armamento y la superioridad del ejército español. El Grito de Baire dio inicio a un levantamiento. La rebelión se extendió rápidamente, llegando a la capital, La Habana. Cánovas del Castillo envió un ejército al mando del general Arsenio Martínez Campos, quien entendía que la pacificación de la isla requería una acción militar. Martínez Campos no consiguió controlar la rebelión, por lo que fue sustituido por el general Valeriano Weyler, quien propuso iniciar una represión. Weyler organizó concentraciones de campesinos a los que se les obligaba a cambiar de asentamiento sin posibilidad de contacto con los combatientes. Tras el asesinato de Cánovas y conscientes del fracaso de Weyler, el nuevo gobierno liberal lo destituyó y encargó el mando al general Ramón Blanco. Además, inició una estrategia de conciliación con una fórmula que mantuviera la soberanía española en la isla y evitase el conflicto con Estados Unidos. Para ello, decretó la autonomía de Cuba, el sufragio universal masculino, la igualdad de derechos entre insulares y peninsulares y la autonomía arancelaria. En 1896, se produjo una rebelión en las islas Filipinas. El independentismo fraguó en la formación de la Liga Filipina, fundada por José Rizal, y en la Organización Clandestina Katipunan. Ambas tuvieron el apoyo de la burguesía mestiza hispanohablante y de grupos indígenas. El capitán Camilo García de Polavieja llevó a cabo una política represiva. El nuevo gobierno liberal nombró capitán general a Fernando Primo de Rivera, quien promovió una negociación con los jefes de la insurrección, dando como resultado una pacificación momentánea del archipiélago.
La Intervención de Estados Unidos y el Fin del Imperio
Estados Unidos había fijado su área de expansión en la región del Caribe y en el Pacífico. El interés de Estados Unidos por Cuba había llevado a realizar proposiciones de compra de la isla, que España había rechazado. La ocasión para intervenir en la guerra la dio el incidente del acorazado estadounidense USS Maine, que estalló en el puerto de La Habana en abril de 1898. Estados Unidos culpó falsamente a agentes españoles y envió a España un ultimátum en el que se le exigía la retirada de Cuba.
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