El Ocaso del Imperio Español: La Guerra de 1898 y sus Repercusiones

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La Guerra Colonial y la Crisis de 1898

El conflicto colonial más grave de la Restauración se produjo en Cuba. Su antecedente se encuentra en la Guerra de los Diez Años (1868-1878), que estalló con el Grito de Yara de Manuel Céspedes, quien pedía el fin de la esclavitud, mayor libertad comercial y un autogobierno. La pacificación fue obra del general Arsenio Martínez Campos, quien prometió en la Paz de Zanjón la concesión de autonomía. Sin embargo, esta promesa no llegó a cumplirse. La corrupción de la administración y la formación de un partido independentista en 1885 desembocaron en una nueva y sangrienta guerra de independencia.

El Movimiento Independentista Cubano

El movimiento independentista, dirigido por José Martí, Máximo Gómez y Antonio Maceo, tuvo su mayor implantación territorial en la parte oriental, donde contaba con un amplio apoyo del campesinado, pero más tarde se fue infiltrando también en la occidental.

El Alzamiento Filipino

Paralelamente al alzamiento cubano, se produjo en Filipinas un movimiento independentista, dirigido por José Rizal y posteriormente por Emilio Aguinaldo, que contó con apoyo estadounidense y que el ejército español solo logró neutralizar parcialmente.

La Intervención de Estados Unidos

En plena expansión del liberalismo, las nuevas potencias industriales aspiraban a construir un imperio colonial, a veces a costa de las antiguas metrópolis ya en decadencia. Tal fue el caso de Estados Unidos, que ambicionaba desde mediados del siglo XIX sustituir la presencia española en América.

Causas de la Intervención Estadounidense

La proximidad de Cuba y Puerto Rico, la construcción del Canal de Panamá y la inversión de capitales estadounidenses en las haciendas azucareras cubanas, hacían previsible una intervención militar. La ocasión se presentó en 1898, tras tres años de guerra entre Cuba y España. Se produjo la explosión del acorazado estadounidense USS Maine, provocando su hundimiento y la muerte de casi 300 marineros. Las autoridades estadounidenses culparon del sabotaje a los españoles, y la campaña que movilizó la opinión pública determinó la declaración de la guerra en abril de 1898. Además, en España, la población, manipulada por la prensa, era mayoritariamente partidaria de la guerra, aunque el gobierno, más prudente, intentó evitarla mediante la diplomacia.

Desarrollo y Conclusión del Conflicto

La campaña militar fue breve. En Cavite, la armada estadounidense destruyó todos los barcos españoles de la Flota del Pacífico. El gobierno decidió enviar refuerzos y zarpó una flota al mando del almirante Pascual Cervera, que, posteriormente, se decidió enviar a Santiago de Cuba, donde los barcos estadounidenses se situaron frente al puerto, impidiendo su salida. Finalmente, Cervera decidió ofrecer batalla, pero sus barcos, peor equipados, fueron bombardeados y hundidos por los estadounidenses. Tras esta derrota, se firmó el Tratado de París de 1898, en el que España reconoció la independencia de Cuba y cedió Filipinas, Puerto Rico y Guam a Estados Unidos. Finalmente, en 1899, España vendió a Alemania los restos de su imperio en el Pacífico.

Las Repercusiones de 1898

La derrota sumió a la sociedad española en un estado de abatimiento y frustración. La pérdida de las últimas colonias manifestó la incapacidad para mantener un Estado moderno y eficaz.

La Generación del 98 y el Regeneracionismo

Para los intelectuales españoles que constituyeron la Generación del 98, la derrota de España era consecuencia del atraso del país respecto a Europa, por lo que transmitieron a través de sus escritos una visión pesimista de la historia y cultura nacionales, a pesar del desarrollo económico durante la Restauración. En el panorama político, apareció el Regeneracionismo, una corriente impulsada por Joaquín Costa que defendía la reforma del sistema para eliminar la corrupción, impulsando la educación y la cultura.

Estabilidad Política Post-1898

Pese a que el Desastre del 98 hizo tambalearse al régimen de la Restauración, este fue capaz de resistir gracias a la firme alianza entre conservadores y liberales frente al movimiento obrero y los republicanos, y a su decisión de turnarse pacíficamente el poder, garantizando la supervivencia del Estado.

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