Oposición y Política Económica durante la Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930)

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Oposición a la Dictadura de Primo de Rivera

Uno de los frentes que Primo de Rivera mantuvo de manera reiterada abierto fue el de los intelectuales y aquellos escritores y periodistas que se habían erigido en conciencia crítica de los poderes públicos. De esta manera, ya en 1924 el Dictador clausura el Ateneo de Madrid y ordena el destierro de Unamuno a Fuerteventura, iniciándose un duro enfrentamiento con el mundo intelectual. En 1928 el encontronazo afectó a otro hombre de prestigio, Blasco Ibáñez.

La Universidad tampoco quedará al margen de los enfrentamientos con Primo de Rivera. Así se inscribe el cierre de numerosas universidades, como la de Madrid, y las detenciones de numerosos líderes estudiantiles organizados en la Federación Universitaria Española (FUE), lo que contribuyó a aumentar aún más las movilizaciones de profesores, dimisión de catedráticos, como Ortega y Gasset, y estudiantes contra el régimen.

También dentro del Ejército creció el descontento, pasada la euforia por la victoria marroquí. Rivalidades personales; arbitrariedades de Primo de Rivera en los ascensos; enfrentamientos del régimen con el arma de artillería (polémica entre escala cerrada que propugnan aquellos y escala abierta de los africanistas y Primo); y la oposición de los sectores más liberales del Ejército, vino a agriar el ambiente en los cuarteles. En 1929-1930 eran muchos los militares dispuestos a conspirar contra Primo de Rivera.

El movimiento republicano, que permaneció aletargado hasta 1926, inició una movilización lenta pero creciente en los años siguientes. En cuanto a la izquierda obrera, una vez pasada una fase de cierto conformismo, a partir de 1927 volvió a movilizarse y a iniciar una clara oposición, especialmente desde 1929, cuando la crisis económica sacudió de nuevo al país. En el otoño de 1929 se desencadenó el desplome financiero internacional a raíz del crack de la Bolsa de Nueva York. A las manifestaciones estudiantiles se sumó una oleada de huelgas provocadas por el hundimiento de la peseta, la crisis financiera y la inflación. Industriales y financieros criticaban irritados la política gubernamental.

En estas circunstancias, Primo de Rivera, cansado, enfermo de diabetes, presionado por el Ejército y una oligarquía descontenta, incapaz de dominar la calle, dimite. En enero de 1930 el rey admite la dimisión del general, trasladándose a París, donde morirá al poco tiempo.

Política Económica durante la Dictadura

Desde el punto de vista de la política económica de la Dictadura, cabe destacar la fuerte intervención del Estado en todos los ámbitos de la economía del país. Entre las medidas adoptadas, destacan:

  • El control de todos los sectores productivos y la supervisión de las actividades económicas hasta en los menores detalles (precios, volumen de producción...). Así, se creó un Comité Regulador de la Producción Industrial, por el que cualquier empresa necesitaba un permiso gubernamental para instalarse, ampliarse o trasladarse de localidad.
  • Las ayudas y subvenciones con dinero público a empresas nacionales.
  • El reforzamiento del proteccionismo arancelario, llegando a constituirse los aranceles más altos de Europa tras la URSS.
  • El incremento de las inversiones públicas para financiar la construcción de redes de carreteras, obras hidráulicas y regadíos.
  • La creación de los monopolios de Telefónica, a favor de la ITT norteamericana, y CAMPSA (Compañía Arrendataria del Monopolio de Petróleos Sociedad Anónima), para controlar los recursos energéticos del petróleo, hasta entonces en manos americanas, con un 30% de capital estatal y el resto en manos de los grandes bancos privados.

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