Oratoria y lírica latinas: evolución histórica, autores y obras esenciales
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Oratoria romana
Siguió su tarea oratoria, pero decidió dedicar parte de su tiempo a componer tratados de retórica como el De Oratore y una obra de carácter político contra el tratado De re publica. Tras la muerte de César compuso unos violentos discursos contra Marco Antonio, a los que dio nombre de Filípicas. La influencia de la técnica oratoria de Cicerón fue total en los siglos que lo siguieron.
Después de la muerte de Cicerón, la lucha entre aticistas y asianistas se inclinó a favor de los primeros, que se impusieron en el primer periodo del principado de Augusto. Gayo Asinio Polión mostró su talento en la oratoria, la poesía, la historiografía y también en la política.
Segunda parte de la época de Augusto
En la segunda parte de la época de Augusto se impone de nuevo el asianismo, pero la oratoria inicia su declive total para no resurgir ya más. El poder absoluto que ahora se implanta es incompatible con la práctica de la oratoria. La falta de libertad será reconocida como la causa principal de la decadencia de la oratoria. Sobrevive tan solo la oratoria judicial y se desarrollan las escuelas de retórica.
Época de los Flavios y Quintiliano
En la época de los Flavios, Quintiliano escribe un tratado en doce libros titulado Institutio Oratoria, que trataba sobre la formación del orador. Quintiliano acepta la tesis de Cicerón. También Tácito escribió el Dialogus de oratoribus, obra en la que se planteaban las causas de la transformación de la elocuencia.
En los siglos III–II a. C. vivieron los primeros oradores, de los cuales nos queda algún testimonio directo o indirecto. Cicerón cita a Apio Claudio el Ciego. Dice también Cicerón que los primeros discursos oratorios fueron las laudationes fúnebres, pronunciadas en los funerales por las personas allegadas al difunto y que trataban de destacar las cualidades y las virtudes del fallecido. Destacan los autores: Quinto Fabio Máximo, Quinto Cecilio Metelo, Lucio Emilio Paulo.
En el s. II a. C. se consolida la oratoria romana, sin duda por la influencia griega; destacan: Catón el Viejo, Publio Cornelio Escipión, Marco Antonio y Liviano Craso.
La lírica latina
Tomó como modelo a la lírica griega. El nombre alude a que se trataba originariamente de una poesía destinada a ser cantada al son de la lira; el poeta componía y ejecutaba. El título más característico es oda o carmen (canción, en griego y en latín).
El origen en Grecia se relaciona con diversos tipos de cantos:
- cantos relacionados con el culto,
- cantos que acompañaban al trabajo,
- cantos relacionados con costumbres populares,
- cantos populares.
Entre los romanos la poesía lírica fue un producto limitado al ámbito literario. La lírica griega, además de su carácter polimétrico y musical, transmite las experiencias personales desde el más dulce amor hasta el odio más enconado. Dentro de la lírica se incluían diversos campos temáticos: erótico, patriótico, bucólico, elegíaco, religioso, etc.
Todo poema estaba sometido a unas ciertas reglas genéricas sobre la estructura del poema o los tipos de verso y estrofa. El enfoque era siempre personal y subjetivo: el poeta habla o finge hablar de sí mismo o transmitirnos sus propias emociones. La lírica latina comienza en Roma más tarde que la épica o el teatro.