El Origen de las Madres de Plaza de Mayo: Resistencia y Búsqueda de Justicia en Argentina

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El Origen de un Movimiento Histórico: Las Madres de Plaza de Mayo

La historia de las Madres de Plaza de Mayo, un símbolo de resistencia y búsqueda de justicia en Argentina, comenzó con la valentía de una mujer: Azucena Villaflor. Ella fue la primera madre de un desaparecido que, impulsada por la angustia de no saber el paradero de su hijo, comenzó a reclamar y a contactar a otras madres que compartían su dolor.

En un contexto donde la dictadura militar negaba la existencia de desaparecidos y cualquier responsabilidad en el tema, Azucena inició una incansable búsqueda. Recorrió comisarías, hospitales y morgues, sin obtener ningún resultado. Fue en este peregrinaje donde se fue encontrando con otras mujeres en situaciones similares. Decidió entonces convocarlas a la Plaza de Mayo, frente al Ministerio del Interior, un lugar emblemático para la protesta.

Los Primeros Pasos de la Resistencia

Poco a poco, más madres se fueron sumando a estas convocatorias. Compartían la desorientación y la incredulidad ante la brutalidad del Proceso de Reorganización Nacional y la responsabilidad de los militares. Es fundamental destacar que estas mujeres, al inicio de sus manifestaciones, no tenían actividad política previa. Su activismo nació de la necesidad imperiosa de saber qué había pasado con sus hijos.

Aprendieron a organizarse en la calle. Empezaron a contactar a periodistas y diplomáticos extranjeros para que difundieran la verdad de lo que ocurría en Argentina, ya que la prensa local estaba silenciada por el terror. Negaban que sus hijos tuvieran alguna actividad subversiva, ya sea por desconocimiento o para evitar agravar su ya delicada situación. La Plaza de Mayo se convirtió así en el primer espacio donde sintieron que podían hacer algo concreto por sus hijos, un lugar de encuentro y acción colectiva.

La Consolidación del Movimiento y la Represión

Conscientes de que poco podían hacer contra un Estado terrorista más allá de protestar, las Madres se organizaron. Inicialmente, se reunían los viernes y redactaron una carta con firmas de ciudadanos para entregar al entonces dictador Jorge Rafael Videla. Posteriormente, establecieron un día y hora fijos para sus encuentros: todos los jueves a las 15:30 horas.

Tiempo después, se les unió Hebe de Bonafini, a quien también le habían secuestrado un hijo y que encontró en el grupo el apoyo que su propia familia no le brindaba. La presencia de periodistas extranjeros fue crucial; ellos se acercaban, recogían los testimonios de las Madres y transmitían al exterior el mensaje de lo que sucedía en Argentina, rompiendo el cerco informativo impuesto por la junta militar.

La dictadura intentó descalificar a las Madres, tratándolas de "locas". Cuando un periodista francés le preguntó al gobierno qué iba a hacer respecto de las manifestaciones de las madres, un miembro de la Presidencia le respondió que no se preocupaban porque "eran locas". En otros casos, a mujeres que reclamaban por sus hijos o nietos se les advertía que, si querían recuperarlos, "mejor no se mezclaran con las locas de la plaza". Sin embargo, estas tácticas de desprestigio resultaron contraproducentes; muchas de estas mujeres pronto se daban cuenta de las mentiras y se unían al valiente grupo de protesta. A pesar de los intentos por prohibirles manifestar, las Madres no se resignaron y continuaron reclamando incansablemente por sus hijos, convirtiéndose en un símbolo global de la lucha por los derechos humanos.

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