El Origen de la Moral Occidental: La Revuelta de los Esclavos y el Resentimiento
Clasificado en Filosofía y ética
Escrito el en
español con un tamaño de 2,74 KB
La Moral Occidental: La Conjura de los Débiles
Un estudio etimológico y genealógico de los conceptos muestra cómo en la mayoría de las lenguas el término «bueno» significa, ordinariamente, «noble» y «aristocrático», en contraposición a «malo», que se asocia con lo «vulgar», «plebeyo» y «simple». Estas denominaciones fueron creadas por los nobles, los señores, ya que son ellos quienes poseen una voluntad capaz de valorar sus propias experiencias vitales.
La Transmutación de los Valores: El Motín de los Esclavos
Posteriormente, aquellos seres incapaces de determinar su propio bien y su mal, temerosos ante la desconfianza que inspira un señor creador que los ignora, realizan un motín cuyo efecto es la transmutación de los valores. Los que hasta ahora eran considerados insignificantes pasan a ser los «buenos», y los superiores se convierten en los «malos». Esta transmutación, el paso de la moral de los señores a la moral de los esclavos, es mucho más que afirmar que lo que antes era malo ahora es bueno; implica, como mínimo, dos consecuencias fundamentales:
El surgimiento de la moral universal
Si antes lo «bueno» quedaba en el plano subjetivo y cada señor podía generar su propio bien y su mal, ahora los triunfadores de la revuelta obligan a compartir un criterio único sobre lo bueno y lo malo. El mundo humano pasa a estar gobernado por normas comunes y prohibiciones rigurosas.
El nacimiento de una cultura del resentimiento
Los insurgentes no son creadores; nunca lo han sido. Su triunfo es un acto de resentimiento. La cultura occidental es, por tanto, reactiva, ya que sus integrantes no actúan por sí mismos, sino como reacción de odio y envidia hacia los dominadores, quienes poseen una voluntad de poder fuerte de la que ellos carecen.
La Victoria del Rebaño sobre el Espíritu Libre
Si la guerra entre las voluntades se ha resuelto hasta ahora con la victoria de los débiles, se debe a su carácter gregario, que les permite y obliga a luchar unidos. Los señores, como creadores de vida, son siempre solitarios. Mientras el rebaño comparte un mundo moral, cada uno de los señores solo se preocupa de su propio mundo, de su creación individual, sin mostrar interés en la comparación con los valores de los otros. Una vez ganada la batalla, el rebaño sigue ejerciendo una fuerza reactiva, nunca indiferente, sobre la actividad del espíritu libre.
Pues bien, para no sobrepasar los límites impuestos por la moral colectiva, se trabajan las conciencias con la idea del libre albedrío, responsabilizando al individuo de cualquier desviación de la norma.