Panorama del Teatro Español en el Siglo XX: Del Sainete a la Vanguardia
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El Teatro Cómico y sus Variantes
El teatro cómico era el preferido por las clases populares y agrupaba espectáculos muy diversos, entre los que se incluía la zarzuela, el café teatro o el sainete, que alcanzó con Carlos Arniches un amplio desarrollo. Este autor recuperó la tradición de las piezas breves del Siglo de Oro para presentar una galería de tipos pintorescos madrileños, con sus problemas cotidianos y su forma de hablar característica, en obras como Don Quintín el amargao. En esta línea costumbrista hay que mencionar a los hermanos Serafín y Joaquín Álvarez Quintero, que llevaron a los escenarios una Andalucía bonita y superficial, en la que todos los problemas acaban por solucionarse.
Las Tragedias Grotescas y el Astracán
Dentro del teatro cómico cabe destacar las tragedias grotescas, en las que, sin abandonar por completo ciertos rasgos humorísticos, Arniches plantea con crudeza aspectos de la sociedad española: la cerrada mentalidad de provincias, el caciquismo y la injusticia social en títulos como La señorita de Trévelez.
Menos interés conserva hoy el astracán, subgénero cómico basado en burdos juegos de palabras y en la parodia de diversos recursos teatrales. Su máximo representante fue Pedro Muñoz Seca, autor de La venganza de don Mendo, parodia de los dramas históricos modernistas.
El Teatro Minoritario y la Experimentación
A lo largo de las primeras décadas del siglo XX no escasearon los intentos de experimentación dramática a cargo de autores de sucesivas generaciones, aunque solo dos de ellos alcanzarán un justo y universal reconocimiento al cabo de los años: Valle-Inclán y García Lorca. Conviene, sin embargo, reseñar otras tentativas singulares: por un lado, dentro de la Generación del 98, las llevadas a cabo por Unamuno o Azorín; y por otro, autores de la Generación del 27 como Alberti y Salinas.
Durante la República, los esfuerzos unidos de una serie de buenos escritores en casi todos los géneros literarios casi llegaron a transformar el teatro español. Desde el verano de 1933, estudiantes y profesores universitarios acudían a las zonas rurales a programar conferencias, organizar bibliotecas y montar representaciones en las Misiones Pedagógicas. Una de las compañías teatrales fue «La Barraca», impulsada por Lorca, que realizó giras llevando el teatro clásico por todo el territorio nacional.