El papel de las mujeres en la Asamblea: una transformación audaz
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Las mujeres se confabularon para emplear todos los medios encaminados a adquirir aspecto de varones y, asistiendo a la Asamblea y hablando en público una sola de entre ellas, lograr por persuasión que se les traspasase el gobierno de la ciudad. Los medios de que se valieron para parecer varones son de este tipo: echan mano de barbas postizas y atavío varonil, no sin haber tomado antes precauciones y haber ejercitado previamente sus cuerpos, con el fin de que pareciesen varoniles al máximo. Una de entre ellas, Praxágora, candil en mano, avanza, según lo convenido, y dice: Ojo brillante.
La estrategia de las mujercitas en los Esciros
En los Esciros, las mujercitas decidieron, con atavíos de varones, tomar asiento en la Asamblea previamente a su celebración, ajustándose barbas de ajenos cabellos. Y así lo hicieron. Y los hombres, con retraso y provistos de atavíos de mujeres, tomaron asiento. Y una habla en público acerca de tomar la administración de los asuntos todos para gobernar infinitamente mejor. Y mandó que se hiciera aportación de los bienes al fondo común y usar por igual de todas las haciendas y alterar las leyes en favor de las mujeres.
Invocación a la diosa Afrodita
Pon en marcha las señales de tu llama convenidas; que a ti solo con razón lo revelamos, ya que a nuestro lado nos asistes incluso cuando en los dormitorios los giros de Afrodita practicamos; nadie de su casa excluye tu ojo, que nos preside cuando los cuerpos arqueamos; solo tú iluminas los prohibidos recovecos de los muslos, al chamuscar su floreciente pelambrera; cuando las despensas colmadas de grano y de licor de Baco a hurtadillas abrimos, con tu presencia tú nos acompañas; y, aunque en eso colaboras, a los vecinos no lo cacareas; en premio de lo cual, cómplice has de ser en los planes de ahora, cuantos en las Esciras aprobaron mis amigas.
La incertidumbre antes de la Asamblea
Pero ninguna de las que debían venir se encuentra aquí, y, sin embargo, se está haciendo el alba y la asamblea muy a punto está de comenzar y es menester que nosotras ocupemos los asientos rameriles y, sin que se note, nuestros miembros asentemos, los asientos que Firómaco dijera, si es que aún os acordáis. ¿Qué puede, pues, estar pasando? ¿Acaso no tienen las barbas postizas que se dijo que tuvieran? ¿O les resultó difícil robar, sin ser descubiertas, las ropas de sus maridos? Mas he aquí que veo un candil que se acerca; ea, emprendamos hacia atrás la retirada, no vaya a resultar de veras que un hombre es el que se acerca.