El Pensamiento Medieval: Diálogo entre Fe y Razón en la Antigüedad Tardía
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La Filosofía Medieval: Un Puente entre la Antigüedad y el Renacimiento
La filosofía medieval abarca un extenso periodo que se extiende desde el siglo IV hasta el Renacimiento. Este periodo se caracteriza fundamentalmente por el ascenso y la consolidación de la filosofía cristiana. Sin embargo, es crucial entender que el cristianismo, como religión, introdujo novedades conceptuales que entraron en tensión con la cultura griega, que había sido la matriz intelectual predominante.
Novedades Conceptuales del Cristianismo
El cristianismo introdujo transformaciones significativas en la cosmovisión heredada, chocando con los pilares de la filosofía griega. Entre estas novedades destacan:
- Providencia Divina: La concepción de que Dios es providente.
- Encarnación: El dogma de que Dios se ha hecho hombre.
- Creación: La doctrina de que Dios ha creado el mundo (ex nihilo).
- Concepción de la Historia: Se introduce una visión lineal y teleológica de la historia.
- Dogma Trinitario: La introducción del dogma de la Santísima Trinidad, que desafió profundamente el concepto fundamental de la unidad divina en la filosofía griega.
Corrientes Filosóficas Fundamentales
Las corrientes filosóficas dentro de la filosofía medieval se dividen principalmente en dos grandes periodos o enfoques:
La Patrística
Esta primera etapa tiene como representante principal a San Agustín. Su obra más importante y temprana fue, probablemente, aquella que abordaba la vida de Dios (aunque el título canónico más conocido es *De Civitate Dei* o *La Ciudad de Dios*). Su lema fundamental resume su enfoque epistemológico: “Creo para comprender y comprendo para creer”.
Según San Agustín, el ser humano está compuesto por cuerpo y alma. Si bien ambas partes son importantes, para él el alma posee una primacía ontológica y funcional, ya que es la parte que mantiene un contacto más íntimo con Dios.
La Escolástica
La segunda gran corriente es la escolástica, cuyo máximo exponente es Santo Tomás de Aquino. Hacia finales del siglo XII, esta corriente comenzó a experimentar una crisis intelectual.
El filósofo clave en esta crisis fue Guillermo de Ockham. Ockham defendió posturas que minaron el realismo conceptual predominante. Según Ockham, los universales (conceptos generales) no existen fuera de la mente. Para demostrar esta premisa, desarrolló la famosa Navaja de Ockham, cuyo principio es que no se deben multiplicar las entidades sin necesidad (o, como se parafrasea en el texto original, “no hay que multiplicar los entes sin necesidad”).
Problemas Centrales de la Filosofía Medieval
La reflexión filosófica medieval se centró en la articulación de verdades reveladas y la razón natural. Dos problemas dominaron el debate:
1. La Relación entre Fe y Razón
Este fue el problema cardinal, y generó al menos cuatro respuestas distintas:
- La postura conciliadora y subordinada de San Agustín y su trayectoria.
- El Averroísmo Latino, que tendía a separar radicalmente la verdad filosófica de la verdad teológica.
- La síntesis armónica propuesta por Santo Tomás de Aquino.
- El Nominalismo, cuyo representante tardío (aunque su influencia se siente en la crisis escolástica) es a menudo asociado con figuras como Kant en el rechazo radical a la existencia de verdades comunes accesibles a la razón pura (aunque Kant es posterior, el texto lo sitúa aquí en el contexto de rechazo a los universales).
2. La Existencia de Dios
Para demostrar la existencia de Dios, los filósofos medievales idearon dos tipos principales de pruebas:
Pruebas a Priori
Estas pruebas intentan explicar la existencia de Dios basándose únicamente en la razón y la definición de Dios. La más famosa es el Argumento Ontológico, desarrollado por San Anselmo.
Pruebas a Posteriori
Estas pruebas parten de un hecho observable de la experiencia para intentar remontarse a Dios como causa primera. Las más célebres son las Cinco Vías de Santo Tomás de Aquino.
Estructura de las Cinco Vías
La estructura de cada una de las cinco vías es similar: parten de un hecho empírico (como el movimiento, la causalidad o la contingencia) y demuestran que dicho hecho no puede explicarse a sí mismo. Por lo tanto, la única forma de explicar la realidad observada es postulando la existencia de Dios como causa incausada o ser necesario.