Los Pilares de la Filosofía de Platón: Bien, Recuerdo y Dialéctica
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La Idea del Bien
La Idea del Bien en Platón es la entidad suprema de su ontología, equivalente al sol en el mundo visible y la fuente de verdad y realidad. Se encuentra en la cima de las formas abstractas e inmutables, organizando el cosmos y sirviendo como criterio para el juicio moral y el conocimiento verdadero. Desde una perspectiva moral, es el fin último al que deben aspirar las acciones humanas para alcanzar la justicia y la virtud, guiando al alma hacia la sabiduría, la armonía y la bondad. Ontológicamente, es el modelo supremo que da existencia y sentido a todas las cosas sensibles. En la alegoría de la caverna, simboliza el punto máximo de conocimiento al que llega el prisionero liberado cuando contempla el sol.
La Reminiscencia (Anámnesis)
La reminiscencia platónica, también conocida como anámnesis, es un principio epistemológico que sostiene que conocer es recordar. Platón afirma que el alma, al ser eterna y preexistente, contempla las Ideas o Formas puras en el mundo inteligible antes de encarnarse. Sin embargo, olvida ese conocimiento al unirse al cuerpo. Al percibir las representaciones imperfectas de esas Ideas en el mundo sensible, el alma despierta y recuerda el conocimiento innato que ya poseía. Este proceso de recuerdo, que se alcanza a través de la dialéctica, es el camino hacia la verdad. Por tanto, la inmortalidad del alma implica que aprender no es adquirir nuevos conocimientos, sino recuperar aquellos que fueron oscurecidos por la unión del alma con el cuerpo.
El Método Dialéctico
La dialéctica es un proceso de investigación y razonamiento que guía al alma más allá del mundo sensible hacia el conocimiento verdadero. Influenciada por el método socrático, la dialéctica platónica se desarrolla como un proceso racional puro, independiente de los sentidos, que opera en dos direcciones:
Fase Ascendente
El alma avanza desde los objetos matemáticos hasta la Idea del Bien, que es la causa última de todo ser y conocimiento.
Fase Descendente
Una vez alcanzada la Idea del Bien, el alma desciende para iluminar el resto de las Ideas, ofreciendo así una comprensión completa y jerarquizada de la realidad.
Platón también vincula la dialéctica con Eros, entendido como un profundo deseo de la belleza en el mundo inteligible. En este contexto, el Bien se considera supremamente bello, y el conocimiento se convierte en un anhelo innato por alcanzar esta belleza absoluta.