La Poesía Quiché: El Compromiso Vital de los Mascadores de Luna y la Filosofía de Utuquel
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Resumen de 'Las Tablillas que Cantan'
Esta historia relata las singulares competencias en las que participaban los poetas quichés, conocidos como los Mascadores de Luna, para hacerse con el prestigioso título de Flechador de Cantos de Guerra.
Durante siete lunaciones, cada poeta debía dejar sus composiciones sobre los techos de los templos, con la esperanza de que fueran escogidas por los dioses por su grandeza y colorido. La leyenda se centra en Utuquel, el protagonista, y su participación en la última de estas lunaciones. La razón de esta intensidad era clara: si un poeta participaba siete veces en las competencias sin salir victorioso, «se les tomaba prisioneros, vencidos en la guerra poética, y se les sacrificaba en medio de danzas grotescas, extrayéndoles del pecho una tablilla de chocolate en forma de corazón».
La Poesía como Compromiso Vital
Como se deduce, la poesía no era una cuestión superficial o un mero añadido para los quichés, sino una actividad que los comprometía vitalmente. Esto se debía, primero, a que eran juzgados por toda la Naturaleza; y segundo, a las consecuencias fatales que implicaba no ser bueno en la escritura.
Esta profunda importancia lleva a Utuquel a reflexionar sobre el verdadero significado de la poesía. El producto de esa reflexión se plasma en sus reveladoras palabras:
«Crear es robar…», se decía Utuquel en voz alta para ganarse el favor de los visibles invisibles agoreros que en alguna parte celebraban consejo para calificar las tablillas, al aceptar su condición de humilde artista 'robador' de cosas sabidas y olvidadas. «Crear es robar, robar aquí, robar allá, robar en todas partes, en grande y en pequeño, cuanto se necesita para la obra de arte. No hay, no existe obra propia ni original —enfatizó—; en los juegos de pelota había escuchado a los murciélagos censurar a los Mascadores de Luna que creían encabezar escuelas poéticas originales. Todas las obras de arte son ajenas, pertenecen a quien nos las da prestadas desde el interior de nosotros mismos; por mucho que digamos que son nuestras, pertenecen a los ocultos ecos, y las lucimos como propias, prestadas o robadas, mientras pasa el siglo. Los dioses confesaron a qué hora y en qué lugar robaron, como tacuatzines, la sustancia empleada para crear al hombre, pero se guardaron de decir dónde robaron todo lo que les sirvió para crear el mundo».