El Fin del Positivismo Jurídico Formalista y el Renacer de la Ética Profesional
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La crisis del positivismo jurídico formalista
En lo que se refiere al proceso de creciente interés por la ética profesional, algunos lo han relacionado con la actual crisis del positivismo jurídico formalista. Se ha señalado que la consideración del jurista como un técnico del Derecho, ajeno a cualquier otra instancia que la legalidad vigente, se encuentra en la misma base de este iuspositivismo. La crisis actual del positivismo formalista ha determinado una crisis del modelo de jurista legalista.
Son varios los factores que permiten mantener que el positivismo formalista se encuentra actualmente en crisis. Entre ellos podrían destacarse:
La superación del dogma de separación entre Derecho y moral
En primer lugar, la aceptación de que el dogma de la separación entre Derecho y moral, y la relegación de esta última instancia al ámbito de lo meramente privado y subjetivo, resulta insostenible en la actualidad. De este modo, el Derecho no se concibe, tal y como preconizaba el formalismo positivista, como un sistema “neutral”, cerrado y autosuficiente. Por el contrario, se admite que la moral influye continuamente en el orden jurídico, el cual siempre representa una opción moral ante un determinado problema humano.
En la actualidad, el debate sobre las relaciones entre Derecho y moral se ha encauzado a través de la discusión en torno a la relación-separación entre ética pública y ética privada. Así, la ética pública es considerada como la propia del ámbito jurídico. Poseería un carácter netamente formal, procedimental y “neutral”. Por su parte, la ética privada quedaría confinada al ámbito de la moralidad personal.
El Derecho como criterio no absoluto de bondad
En segundo lugar, se puede afirmar que el Derecho, o la ética pública, no puede erigirse como el único y absoluto criterio para determinar la bondad o maldad de una determinada acción. Es evidente que el Derecho puede equivocarse.
Es importante tener presente que el Derecho vigente no nos puede aportar una respuesta exacta o única ante un determinado problema, porque siempre está inconcluso. Por ello, el jurista debe adoptar una perspectiva racional y, al mismo tiempo, crítica que le conduzca, entre otras cosas, a entender que el problema de la justificación de la norma no es una cuestión ajurídica.
Fundamentación y naturaleza de la labor profesional
La obligatoriedad de las leyes deriva de su justificación racional. Tal justificación encuentra su fundamento en la insoslayable estructura del ser humano y en su naturaleza relacional. Hay que ser conscientes de que en cualquier labor profesional aparece la implicación personal.