La Primacía de la Voluntad en San Agustín: Ética, Libertad y el Bien Supremo

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Antropología Agustiniana: Facultades del Alma y la Libertad

El alma es la sede de las funciones intelectuales y volitivas del ser humano. San Agustín distingue cuatro facultades principales:

Funciones Intelectuales y Volitivas

  • Razón: Gracias a esta es posible la ciencia.
  • Inteligencia: Está por encima de la razón, ya que permite captar las razones eternas y alcanzar la sabiduría.
  • Memoria.
  • Voluntad: Definida como la facultad de querer.

El atributo fundamental de la voluntad humana es la libertad. Es a través de este concepto que se establece el vínculo esencial entre la antropología y la ética de San Agustín.

El Bien Supremo y la Felicidad Humana

La felicidad del hombre, en la que consiste su Bien Supremo, reside en la contemplación de la verdad (Dios). Esta contemplación plena solo es alcanzable para aquellos que se salvan en la vida futura, pues en esta vida solo nos es posible un conocimiento indirecto de Dios.

Por lo tanto, Dios es el Bien Supremo para el hombre, y buscar este Bien Supremo es equivalente a vivir bien, conforme a la virtud.

La Virtud: Primacía de la Voluntad sobre el Entendimiento

En el cristianismo se produce un cambio en la concepción de la virtud. Pasa de estar vinculada al conocimiento (como ocurría en la filosofía griega) a estar vinculada, sobre todo, al amor y la voluntad.

Hay, por lo tanto, en San Agustín una clara primacía de la voluntad sobre el entendimiento.

La virtud debe entenderse como una disposición de la voluntad que lleva al amor, entendido como caridad. La caridad consiste en amar a Dios y a los hombres en función de Dios. En ello reside la perfección moral (virtud), que se traduce en cumplir el designio divino, la Ley Eterna que, implantada en toda la creación, la ordena.

La Ley Eterna y la Obligación Moral

Todas las criaturas, excepto los seres racionales, cumplen el designio divino, el cual está inscrito en su naturaleza y se manifiesta como una tendencia natural.

En el hombre, la Ley Eterna también está inscrita, pero en su caso no se resuelve como una tendencia natural ineludible, sino como una obligación moral. Esta obligación está presente en la conciencia de todos los hombres, que exige su cumplimiento, pero puede no cumplirse.

Por consiguiente, la voluntad humana es, para San Agustín, libre de:

  • Volverse a Dios (cumplir la Ley).
  • Apartarse de él (desobedecer la Ley) y adherirse exclusivamente a los bienes mutables y terrenos.

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