Primera Guerra Carlista, Convenio de Vergara y la cuestión foral en España (1833–1841)
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La Primera Guerra Carlista y el Convenio de Vergara (1833–1841)
Tras llegar a acuerdos con los liberales, el general Adrián Maroto pactó con el general liberal Espartero la firma del Convenio de Vergara (1839). Los carlistas cesaron en la lucha y se reintegraron a la vida civil. Espartero se comprometió a solicitar la incorporación al ejército nacional de los carlistas que lo deseasen, manteniendo su graduación militar y su retribución.
Los exaltados no aceptaron negociar la paz y continuaron la lucha en el Maestrazgo bajo el mando del general Cabrera, hasta la conquista de Morella (Castellón) por los liberales en 1840.
Apoyos internacionales
Durante la guerra, ambos bandos contaron con apoyo internacional:
- Los carlistas: Austria, Prusia y Rusia.
- Los liberales: Inglaterra, Francia y Portugal, estados con los que firmaron la Cuádruple Alianza en 1834.
Consecuencias de la guerra
Entre las consecuencias de la Primera Guerra Carlista se deben citar:
- Pérdidas humanas y materiales.
- Consumo de los recursos económicos generados por la desamortización de Mendizábal.
A pesar de su derrota militar, el carlismo siguió latente, dando lugar a dos guerras más (1846–1849 y 1872–1876).
La cuestión foral
A sus reivindicaciones iniciales, los carlistas añadieron la defensa del mantenimiento de los fueros en el País Vasco y Navarra, así como su recuperación en Cataluña, Aragón y Valencia (perdidos en el siglo XVIII tras los Decretos de Nueva Planta). Los fueros otorgaban privilegios, como exenciones fiscales y militares, así como el mantenimiento de algunas instituciones y leyes propias. La defensa de la cuestión foral dio un gran apoyo popular al carlismo en dichas regiones.
Por otro lado, los liberales eran contrarios a los fueros porque su pervivencia impedía la existencia de un Estado centralista en el que todos se rigieran por las mismas leyes. Sin embargo, tras la Primera Guerra Carlista, los cristinos se comprometieron a mantener sus aspectos esenciales —privilegios fiscales y mantenimiento de instituciones forales como las Juntas Generales provinciales— con el fin de atraerse a los carlistas moderados.
No obstante, en 1841 se aprobaron varias leyes según las cuales Navarra perdía sus aduanas, sus privilegios fiscales y sus instituciones propias de autogobierno, como las Cortes. A cambio, los navarros consiguieron un régimen fiscal muy beneficioso. Poco a poco se irán produciendo.