Principios Morales y Derechos Humanos: Un Compendio sobre Ética Social
Clasificado en Otras lenguas extranjeras
Escrito el en
español con un tamaño de 15,22 KB
El Derecho a la Objeción de Conciencia
El ciudadano no está obligado en conciencia a seguir las prescripciones de las autoridades civiles si estas son contrarias a las exigencias del orden moral o a los derechos fundamentales de las personas. Las leyes injustas colocan a la persona moralmente recta ante dramáticos problemas de conciencia: cuando son llamados a colaborar en acciones moralmente ilícitas, tienen la obligación de negarse.
Además de ser un deber moral, este rechazo es un derecho humano elemental que la ley civil debe reconocer y proteger. Quien recurre a la objeción de conciencia debe estar a salvo no solo de sanciones penales, sino también de cualquier daño en el plano legal, disciplinar, económico y profesional.
Es un deber de conciencia no prestar colaboración, ni siquiera formal, a aquellas prácticas que, aun siendo admitidas por la legislación civil, están en contraste con la ley de Dios. Tal colaboración no puede ser jamás justificada, ni invocando el respeto de la libertad de otros, ni apoyándose en el hecho de que es prevista y requerida por la ley civil. Nadie puede sustraerse jamás a la responsabilidad moral de los actos realizados, y sobre esta responsabilidad cada uno será juzgado por Dios mismo.
El Trabajo Infantil: Una Violencia Invisible
El trabajo infantil y de menores constituye un tipo de violencia menos visible, mas no por ello menos terrible. Una violencia que, más allá de todas las implicaciones políticas, económicas y jurídicas, sigue siendo esencialmente un problema moral. León XIII ya advertía: «En cuanto a los niños, se ha de evitar cuidadosamente y sobre todo que entren en talleres antes de que la edad haya dado el suficiente desarrollo a su cuerpo, a su inteligencia y a su alma. Puesto que la actividad precoz agosta, como a las hierbas tiernas, las fuerzas que brotan de la infancia, con lo que la constitución de la niñez vendría a destruirse por completo».640 La plaga del trabajo infantil, a más de cien años de distancia, todavía no ha sido eliminada.
Es verdad que, al menos por el momento, en ciertos países, la contribución de los niños con su trabajo al presupuesto familiar y a las economías nacionales es irrenunciable y que, en algún modo, ciertas formas de trabajo a tiempo parcial pueden ser provechosas para los mismos niños; con todo ello, la doctrina social denuncia el aumento de la «explotación laboral de los menores en condiciones de auténtica esclavitud».641 Esta explotación constituye una grave violación de la dignidad humana de la que todo individuo es portador, «prescindiendo de que sea pequeño o aparentemente insignificante en términos utilitarios».642
Fracaso de la Paz: La Guerra y sus Implicaciones
El Magisterio condena la crueldad de la guerra.
En nuestra época, que se jacta de poseer la energía atómica, resulta un absurdo sostener que la guerra es un medio apto para remediar el derecho violado. Es urgente encontrar soluciones alternativas a la guerra para resolver los conflictos internacionales.
1. La Legítima Defensa
En el caso de que estalle la guerra, el Estado agredido tiene el derecho y el deber de organizar la defensa, incluso usando la fuerza de las armas. Para que esto sea lícito, tienen que cumplirse cuatro condiciones (conocidas como los principios de la Guerra Justa):
- Que el daño causado por el agresor a la Nación sea duradero, grave y cierto.
- Que todos los demás medios para poner fin a la agresión hayan resultado ineficaces.
- Que se reúnan las condiciones serias de éxito.
- Que el empleo de las armas no suponga males y desórdenes más graves que el mal que se pretende eliminar.
Ejemplo: La Guerra de Irak.
2. Defender la Paz
Las exigencias de la legítima defensa justifican la existencia de las fuerzas armadas en los Estados, cuya acción debe estar al servicio de la paz, el bien, la verdad y la justicia en el mundo.
Los miembros de las fuerzas armadas están moralmente obligados a oponerse a las órdenes que impliquen la realización de crímenes contra el derecho de gentes y sus principios universales.
Ejemplo: Las bombas atómicas lanzadas a las ciudades de Hiroshima y Nagasaki.
3. El Deber de Proteger a los Inocentes
El principio de humanidad conlleva la obligación de proteger a la población civil de los efectos de la guerra e impedir que se repitan atrocidades y abusos.
Una categoría especial de víctimas de la guerra son los refugiados; la Iglesia muestra por ellos un especial cuidado con el compromiso de defender su dignidad humana.
Ejemplo: El Vaticano escondió a miles de judíos durante la ocupación nazi de Italia.
4. Medidas contra Quien Amenaza la Paz
Los castigos del orden internacional buscan corregir el comportamiento del gobierno de un país que viola las reglas de la pacífica y ordenada convivencia internacional o que practica graves formas de opresión contra su población.
Las finalidades de las sanciones deben ser precisas y periódicamente verificadas. Es fundamental abrir paso a la negociación y al diálogo.
Ejemplo: El genocidio del Nacionalsocialismo y Adolf Hitler.
5. El Desarme
La doctrina social propone un desarme general, equilibrado y controlado de todas las naciones.
Un Estado puede poseer solo los medios necesarios para su legítima defensa.
Debe denunciarse la utilización de niños y adolescentes como soldados en conflictos armados. Ellos están privados de una infancia normal y educación, además de estar adiestrados para matar.
Ejemplo: La "Paz Armada" antes de la Primera Guerra Mundial.
6. La Condena del Terrorismo
El terrorismo manifiesta un desprecio total de la vida humana y no se puede justificar bajo ninguna circunstancia.
Existe un derecho a defenderse del terrorismo; sin embargo, la lucha contra los terroristas debe llevarse a cabo respetando los derechos humanos y los principios de un Estado de derecho.
La identificación de los culpables no debe estar influida por religión, nacionalidad o raza.
Es esencial que, junto con el uso de la fuerza, haya un claro entendimiento de los motivos por los cuales surgieron los ataques terroristas, para así resolver los problemas de raíz.
Ninguna religión puede tolerar el terrorismo ni, menos aún, predicarlo.
Ejemplo: Las FARC.
Dignidad de la Mujer en el Trabajo
El genio femenino es necesario en todas las expresiones de la vida social; por ello, se ha de garantizar la presencia de las mujeres también en el ámbito laboral. El primer e indispensable paso en esta dirección es la posibilidad concreta de acceso a la formación profesional.
El reconocimiento y la tutela de los derechos de las mujeres en este ámbito dependen, en general, de la organización del trabajo, que debe tener en cuenta la dignidad y la vocación femenina. Su "verdadera promoción... exige que el trabajo se estructure de manera que no deba pagar su promoción con el abandono del carácter específico propio y en perjuicio de la familia, en la que como madre tiene un papel insustituible".
La persistencia de muchas formas de discriminación que ofenden la dignidad y vocación de la mujer en la esfera del trabajo se debe a una larga serie de condicionamientos perniciosos para la mujer, que ha sido y es todavía "olvidada en sus prerrogativas, marginada frecuentemente e incluso reducida a esclavitud". Estas dificultades, desafortunadamente, no han sido superadas, como lo demuestran en todo el mundo las diversas situaciones que humillan a la mujer, sometiéndola a formas de verdadera y propia explotación. La urgencia de un efectivo reconocimiento de los derechos de la mujer en el trabajo se advierte especialmente en los aspectos de la retribución, la seguridad y la previsión social.
En la relación entre la familia y el trabajo, una atención especial se reserva al trabajo de la mujer en la familia, o labores de cuidado familiar, comenzando por las de la madre. Precisamente porque están orientadas y dedicadas al servicio de la calidad de la vida, constituyen un tipo de actividad laboral eminentemente personal y personalizante, que debe ser socialmente reconocida y valorada, incluso mediante una retribución económica al menos semejante a la de otras labores. Al mismo tiempo, es necesario que se eliminen todos los obstáculos que impiden a los esposos ejercer libremente su responsabilidad procreativa y, en especial, los que impiden a la mujer desarrollar plenamente sus funciones maternas.
Ética Médica: Principios y Desafíos Actuales
La ética médica es una especialidad que estudia los actos médicos desde el punto de vista moral, calificándolos como buenos o malos, siempre que sean voluntarios y conscientes. Al decir “actos médicos”, nos referimos a los que realiza el profesional de la medicina frente al paciente y a la sociedad.
El “acto médico” no involucra solo al médico con el paciente, sino también a toda una sociedad a través de la salud pública, laboratorios clínicos, búsqueda de patologías o investigaciones biológicas, entre otros. Esto a menudo se pasa por alto, ya que hoy se reduce el área de acción solo al lecho del enfermo o al quirófano, excluyendo la medicina a distancia (ejercida en laboratorios o escritorios).
Es ético defender la vida humana, que tiene un carácter inviolable, irreducible y que reclama ser tratada con amor de benevolencia. La defensa del derecho a la vida es un compromiso existencial a favor de todas las personas, en especial de los más débiles. A continuación, abordaremos dos temas actuales donde la ética médica juega un papel crucial:
A. Eutanasia
Los avances en la medicina y la tecnología médica en las últimas décadas han hecho cada vez más posible prolongar la vida. Pacientes que antes se consideraban incurables y con enfermedades fatales, ahora viven más tiempo y vidas más plenas que nunca. Sin embargo, se ha sugerido que los doctores muy a menudo emplean métodos extraordinarios o heroicos para mantener a un paciente vivo, métodos que pueden ser innecesarios. Para algunas personas, la respuesta es la eutanasia. Argumentan que deben hacerse leyes para proteger el “derecho de una persona a morir” y para permitir la “muerte misericordiosa”.
Pero ¿qué es la eutanasia? ¿Es ética? Y, más importante, ¿se ajusta esta práctica a las enseñanzas bíblicas? ¿Cuál debería ser la respuesta cristiana?
El significado original de “eutanasia” se refería al “arte o disciplina de morir en paz y dignidad”. Durante el siglo diecinueve, a la palabra se le dio una connotación diferente, siendo aplicada a la teoría o (más recientemente) a la práctica de causar la muerte sin dolor, particularmente en aquellos que sufren de enfermedades incurables y dolorosas.
Los cristianos desaprobamos totalmente el homicidio y el suicidio directos, como por ejemplo, tomar un revólver y dispararle a alguien o dispararse a uno mismo. Sin embargo, en otros casos, como ver a una persona sufriendo por su enfermedad, la situación es distinta. Odiamos ver el sufrimiento tanto como cualquiera, pero queremos hacer lo que es correcto a los ojos de Dios.
Se considera usualmente que la muerte médica y legal ocurre cuando el paciente no muestra señales de vida, cuando no existe evidencia de alguna actividad del cerebro, y cuando no hay esperanza de restaurar tal actividad. En este punto, los doctores pueden remover los ventiladores y otros soportes vitales. Es importante notar que esta “muerte cerebral” se aplica al cerebro completo. Esto incluye el cerebro, del cual se piensa que es el responsable de las acciones voluntarias y el pensamiento consciente, y esto incluye el cerebelo y el tronco encefálico, los cuales coordinan los movimientos musculares y controlan las funciones involuntarias del cuerpo.
La postura de la Iglesia frente a la eutanasia es la siguiente:
En el caso de que un paciente llegue a la clínica u hospital en estado terminal de su enfermedad y que, por decisión propia, desee no ser conectado a equipos de apoyo vital, es aprobado por la Iglesia, ya que es dejar que la vida siga su curso natural y el individuo muera naturalmente. El problema está cuando, por algún motivo, el paciente fue conectado a los equipos; en ese caso, la Iglesia no aprueba que sea desconectado, ya que esto sería considerado un asesinato, no una muerte natural, sino una causada por la desconexión de los aparatos.
La religión católica es el más acérrimo enemigo de la eutanasia, dado que Dios nos entrega la vida y solo Él puede determinar en qué momento acaba, sin que el hombre intervenga de modo alguno.
La práctica de la eutanasia contraviene todos los principios éticos y morales que sustentan nuestra sociedad, y atenta contra los valores religiosos en los cuales se ha sostenido durante siglos la Iglesia Católica.
B. Aborto
Antes de entrar en materia, observemos lo que dice Juan Pablo II acerca de la relativización del lenguaje usado por muchos para ocultar este terrible crimen:
Precisamente en el caso del aborto se percibe la difusión de una terminología ambigua, como la de «interrupción del embarazo», que tiende a ocultar su verdadera naturaleza y a disminuir su gravedad en la opinión pública. Pero ninguna palabra puede cambiar la realidad de las cosas: el aborto provocado es la eliminación deliberada y directa, como sea que se realice, de un ser humano en la fase inicial de su existencia, que va de la concepción al nacimiento.
(Carta Encíclica Evangelium vitae, Juan Pablo II, 25-03-1995)
Desde el momento en que el óvulo es fecundado, se inaugura una nueva vida que no es la del padre ni la de la madre, sino la de un nuevo ser humano que se desarrolla por sí mismo. Jamás llegará a ser humano si no lo ha sido desde entonces. Con la fecundación inicia la aventura de una vida humana, cuyas principales capacidades requieren un tiempo para desarrollarse y poder actuar.
A continuación, se presentan algunos ejemplos y consideraciones:
Un ejemplo en el que se puede ver claramente el uso de una ética correcta es en el caso de que una madre corra peligro a causa del feto que lleva dentro de su cuerpo. En esta situación, ¿qué es lo éticamente correcto hacer? Desde una perspectiva moral, quitarle la vida a un ser humano inocente, que además no puede defenderse, es un homicidio gravísimo. La postura ética y religiosa sostiene que solo Dios puede dar y quitar la vida, por lo que la vida del feto, aunque en desarrollo, posee una dignidad intrínseca que debe ser protegida.
Otro tema relevante es el de la pastilla del día después.
El aborto directo, es decir, querido como fin o como medio, es siempre un desorden moral grave, en cuanto eliminación deliberada de un ser humano inocente.
Ninguna circunstancia, ninguna finalidad, ninguna ley del mundo podrá jamás hacer lícito un acto que es intrínsecamente ilícito, por ser contrario a la Ley de Dios, escrita en el corazón de cada hombre.