El Proceso Artesanal e Histórico de la Fabricación de Ladrillos de Arcilla

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Etapas Fundamentales en la Fabricación Tradicional de Ladrillos

1. Extracción de la Arcilla

Existen dos procedimientos fundamentales de extracción, en función de la situación de la pasta cerámica:

  • Arcilla superficial (Orilla de los ríos): Se conseguía cortándola en bloques. Este método era sencillo y permitía la obtención de la pasta en numerosas zonas. El inconveniente principal era que portaba gran cantidad de materia orgánica que debía ser eliminada para la correcta cocción de la cerámica.
  • Arcilla enterrada (Minas a cielo abierto): Debía extraerse de forma parecida a la que se utilizaba en las minas a cielo abierto. El procedimiento consistía en cavar hasta encontrar una veta arcillosa, que era expuesta completamente, separándola de las capas de tierra y vegetación. Se creaba de esta manera una mina a cielo abierto de la cual se obtenía la arcilla cortándola en bloques.

El paso de depuración de la pasta, consistente en reducir la cantidad de elementos extraños (piedras, vegetación, conchas), que se realizaba para aplicaciones de arcilla fina, no solía aplicarse a la fabricación de ladrillos.

2. Amasado y Homogeneización

El amasado se realiza para dotar de flexibilidad y homogeneidad a la arcilla, eliminando las pequeñas cámaras de aire que se formaban dentro de ella y que creaban zonas de menor resistencia.

La arcilla utilizada para fabricar ladrillos se sometía a un amasado específico que consistía en colocar pequeñas cantidades de materia prima humedecida sobre una superficie plana y espaciosa al aire libre. Allí, el alfarero la sometía a un amasado continuo con los pies. La operación podía prolongarse varias horas, durante las cuales se eliminaban aquellos cuerpos extraños que eran detectados con el pie.

Adición de Desgrasantes

Durante el amasado se añadían elementos (conocidos con el nombre de desgrasantes) que conferían a la pasta una mayor resistencia y una menor contracción durante el secado. En el caso concreto del ladrillo de adobe se trataba de arena y paja, mientras que los ladrillos cocidos no incluían este último elemento. Solo la acción de los desgrasantes permitía que los adobes se mantuvieran compactos y sin quebrarse.

3. Modelado y Moldeado

Este es el momento en el que la arcilla pasa de constituir una pasta amorfa a presentar un cuerpo definido.

La mezcla de arcilla y otros elementos (paja y arena), una vez se había constituido en una masa compacta y homogénea, se vertía en un molde paralelepípedo que podía estar recubierto con una fina capa de arena para evitar que se pegara. El alfarero eliminaba con la mano o con un trozo de madera la pasta sobrante y levantaba el molde intentando no deshacer el ladrillo.

Estandarización y Estampillado

Los ladrillos cocidos están a veces estampillados con diversos motivos, como el nombre del fabricante o comerciante. Esta costumbre comienza en Mesopotamia, aunque también se llevó a cabo en Egipto y Roma.

El tamaño de los ladrillos, una vez se afianzó el proceso de fabricación, se fue estandarizando para facilitar la construcción de muros.

4. Secado

Durante este proceso, la pieza modelada perdía el agua contenida en su interior, produciéndose una disminución de tamaño. El secado debía realizarse de forma gradual y lenta, en un lugar fresco y aireado, alejado de las fuentes de calor y las corrientes de aire.

Los ladrillos se secaban en la misma superficie en la que se habían modelado. A los tres días se les debía dar la vuelta, de manera que era necesaria aproximadamente una semana para que estuvieran en condiciones de ser apilados en grandes bloques.

5. Cocción

La cocción constituye la última y definitiva etapa de la fabricación.

El Horno Cerrado Romano

El horno cerrado romano supone la culminación del modelo tradicional y está compuesto por cuatro partes fundamentales:

  1. La cámara de fuego (espacio en el que la llama se expandía).
  2. El praefurnium (para la alimentación de la materia vegetal a prender).
  3. La parrilla perforada.
  4. La cámara de cocción (lugar donde se cargaba y cocía la arcilla).

La cochura era muy larga, con una duración aproximada de tres días, aunque variaba en función del tamaño de la hornada, de las características del horno y del material de combustión empleado.

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