El Protectorado Español en Marruecos y la Semana Trágica de Barcelona: Causas y Consecuencias

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El Conflicto Colonial de Marruecos

A partir de 1900, España consolidó su penetración en el norte de África. La Conferencia de Algeciras en 1906 y el posterior Tratado hispano-francés establecieron un protectorado franco-español en la zona de Marruecos. A España le correspondió el territorio de El Rif, con la obligación de pacificarlo y organizarlo. El interés venía estimulado por los posibles beneficios económicos, pero sobre todo por el deseo de restaurar el prestigio del ejército, hundido tras el desastre de Cuba, y conseguir que España se convirtiera de nuevo en una potencia colonial.

La presencia española estuvo contestada por los continuos ataques organizados en cabilas. Los rifeños infligieron una importante derrota a las tropas españolas en el Barranco del Lobo. Se decidió aumentar el número de soldados en El Rif, lo cual provocó un importante movimiento de protesta popular.

La Semana Trágica de Barcelona

La movilización contra la guerra se inició en el puerto de Barcelona el día 18 de julio. El día 24 se constituyó un comité de huelga, con la participación de republicanos, socialistas y anarquistas. Pero esa huelga derivó en una revuelta popular que desbordó el objetivo de protesta contra la guerra de Marruecos y acabó siendo la protesta espontánea de todas las tensiones sociales acumuladas.

Los incidentes se multiplicaron, se levantaron barricadas, se produjeron enfrentamientos y finalmente explotó un fuerte sentimiento anticlerical que desembocó en el ataque e incendio de más de 80 centros religiosos. Las autoridades respondieron declarando el Estado de guerra. El elevado número de muertos y heridos radicalizó el movimiento insurreccional, pero la falta de dirección y coordinación políticas derivó hacia la acción incontrolada de grupos.

La represión del gobierno de Maura

La represión posterior fue muy dura por parte del gobierno de Antonio Maura. Los procesos penales se encomendaron a tribunales militares, con Consejos de Guerra y 17 condenas a muerte, de las que se ejecutaron 5. Entre las víctimas figuraba Francisco Ferrer Guardia, pedagogo anarquista que, aunque no había intervenido en la revuelta, fue ejecutado como castigo ejemplar en respuesta a todos los que ponían en duda el dominio de la Iglesia.

Consecuencias políticas

La represión de la Semana Trágica levantó una oleada de protestas. El gobierno conservador de Maura tuvo que enfrentarse a duras críticas, y los liberales y los republicanos se unieron para exigir su dimisión. La oposición a Maura, bajo la fórmula común "¡Maura no!", consiguió que Alfonso XIII disolviera las Cortes y traspasara el gobierno a los liberales.

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