Las Raíces del Imperialismo: Factores Económicos, Políticos e Ideológicos del Siglo XIX

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Los Factores Clave del Imperialismo en el Siglo XIX

En el último tercio del siglo XIX, Europa se lanzó a la conquista de nuevos territorios. Este proceso fue impulsado por la Segunda Revolución Industrial, que permitió a las potencias aprovechar su superioridad económica, técnica, financiera y militar.

Causas Económicas y Demográficas del Imperialismo

El imperialismo tuvo profundas motivaciones económicas. Las potencias europeas buscaban:

  • Nuevos mercados para sus productos manufacturados.
  • Comprar materias primas y productos coloniales al mejor precio posible.
  • Invertir sus excedentes de capital fuera de Europa, donde la mano de obra más barata permitía obtener mayores beneficios.

Los cambios económicos del siglo XIX dieron como resultado un gran aumento de la población. Esto generó un volumen de población excedente, lo que estimuló la emigración hacia otros continentes.

Se estima que 40 millones de personas abandonaron el viejo continente. Inicialmente, los emigrantes fueron principalmente británicos, irlandeses y alemanes. Sin embargo, a partir de 1875, los flujos migratorios se hicieron más numerosos, procediendo principalmente del Imperio Austrohúngaro y Rusia.

Intereses Políticos y Estratégicos en la Expansión Colonial

Las fronteras de Europa se habían estabilizado a finales del siglo XIX. Las escasas posibilidades de ampliar sus territorios en el continente llevaron a los Estados europeos a preparar su expansión por otros continentes.

La expansión colonial se buscaba para aumentar el prestigio y poder internacional. Las colonias contribuían directamente a:

  • El desarrollo del comercio y la industria.
  • La formación de ejércitos nacionales poderosos.

Es importante destacar que esta rivalidad política y militar entre las potencias provocó numerosos conflictos locales y crisis internacionales.

Motivaciones Ideológicas y el Racismo en el Imperialismo

El nacionalismo conservador europeo y gran parte de la opinión pública defendían la superioridad de algunas naciones y el derecho de estas a imponerse sobre otros pueblos. Esta justificación se basaba en la supuesta misión civilizadora de los europeos, quienes se creían superiores cultural y tecnológicamente.

Estas posiciones ideológicas desembocaron directamente en el racismo, una doctrina que sostenía la superioridad del hombre blanco sobre otras etnias.

A pesar de la aceptación generalizada, solo algunos intelectuales, sindicalistas y líderes políticos, especialmente los socialistas, se mostraron contrarios al colonialismo.

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