El Realismo Literario y su Evolución en el Siglo XIX
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La segunda mitad del siglo XIX: Contexto histórico y social
Las transformaciones sociales y económicas que trajo consigo la Revolución Industrial marcaron la segunda mitad del siglo XIX en toda Europa. Estas transformaciones supusieron la consolidación de la burguesía y la aparición de movimientos obreros y sindicales como el socialismo, el marxismo y el anarquismo.
La literatura realista: Características fundamentales
El Realismo sustituyó la exaltación sentimental y el despliegue imaginativo de la literatura romántica por la observación y la representación fidedigna del entorno. Su intención no era evadirse de la realidad ni formular ideales inalcanzables, como en el caso del Romanticismo, sino retratar con verosimilitud y con intención crítica la sociedad de su tiempo, con el deseo de transformarla y mejorarla a través de la literatura.
Los autores realistas consideraron que la novela era el género literario idóneo para sus fines, constituyendo el género preferido por el público lector, perteneciente en su mayoría a la burguesía.
Rasgos de la novela realista
- Interés por la realidad y lo cotidiano.
- Tratamiento de temas propios de su tiempo.
- Búsqueda de la objetividad y el verismo.
- Presencia crítica del autor.
- Empleo del narrador omnisciente.
- Estilo sobrio y sencillo.
- Cuidada recreación del habla de los personajes.
El Realismo en Europa
El movimiento se expandió con fuerza por todo el continente, destacando especialmente en las siguientes naciones:
- Francia: Rojo y negro (Stendhal), La comedia humana (Honoré de Balzac), Madame Bovary (Gustave Flaubert) y La taberna (Émile Zola).
- Rusia: Crimen y castigo (Fiódor M. Dostoievski) y Ana Karenina (León Tolstói).
Realismo y Naturalismo en España
En el panorama literario español se diferencian claramente tres etapas: la prerrealista, la realista y la naturalista.
Prerrealismo
Comenzó en 1849 con La gaviota (Fernán Caballero). Las novelas prerrealistas presentan un tono costumbrista y un propósito moralizador. El principal representante es Pedro Antonio de Alarcón (El sombrero de tres picos).
Realismo
Comenzó en 1870 con La Fontana de Oro (Benito Pérez Galdós). Se caracteriza por el afán de retratar con intención crítica la realidad contemporánea. Destacan autores como Juan Valera (Pepita Jiménez) y José María de Pereda (Sotileza).
Naturalismo
Comenzó en 1881 con La desheredada (Galdós). Esta corriente recrea los aspectos más sórdidos de la realidad. Destacan figuras imprescindibles como Leopoldo Alas "Clarín" (La Regenta), Emilia Pardo Bazán (Los pazos de Ulloa) y Vicente Blasco Ibáñez (La barraca).