Receta de Caracoles en Salsa: Un Plato de Recuerdos y un Desastre Inesperado
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Una receta de verano con historia
Esta receta es especial para mí en verano, ya que me transporta a los tiempos en que era pequeña e iba de viaje a Benidorm. Los aromas que desprende este plato me recuerdan al olor del mar, a la humedad, a la costa del Mediterráneo… Es un plato ligado a recuerdos, tanto buenos como accidentados.
De hecho, el simple acto de cocinar con aceite caliente me trae a la memoria un pequeño accidente de la infancia. Recuerdo que, de pequeña, mientras jugaba con mi hermana cerca de la cocina, le saltó aceite hirviendo en el brazo sin querer. Por eso, todavía tiene una gran marca en forma de rayo en la parte inferior del codo.
Receta de caracoles en salsa con hierbabuena
A continuación, detallo los pasos para preparar este guiso tan especial. Un consejo práctico antes de empezar: es recomendable mascar un chicle mientras cortas la cebolla para evitar el picor de los ojos.
Ingredientes
- Cebolla
- Ajos
- Guindillas
- Una hoja de laurel
- Unas hojas de hierbabuena
- Pimentón
- Vino blanco
- Caracoles limpios y escurridos
- Caldo de ave
- Aceite de oliva
- Sal
Preparación paso a paso
- La cebolla debe estar cortada en juliana (tiras finas y alargadas).
- A continuación, en una cacerola grande, vertemos un chorro de aceite con cuidado. Cuando el aceite esté caliente, añadimos la cebolla con una pizca de sal.
- Posteriormente, agregamos los ajos, las guindillas, el laurel y la hierbabuena. Removemos durante tres minutos.
- Incorporamos el pimentón junto con el chorro de vino blanco. Esperamos a que el alcohol se evapore por completo.
- Finalmente, agregamos los caracoles bien escurridos y los cubrimos con el caldo de ave. Dejamos cocer a fuego medio.
El día de la celebración: un desastre en la cocina
Mientras el guiso se terminaba de cocer a fuego medio, fui a ducharme para la celebración que tiene lugar cada 13 de septiembre, en memoria de mi abuelo. Desde que él murió, siempre me pongo uno de los vestidos que me regaló cuando me gradué a los 18 años.
Ese día, al intentar ponérmelo, descubrí que no me entraba. Entré en pánico: me temblaban las piernas y no tenía fuerzas para moverme. Cuando me di cuenta, ya habían pasado 45 minutos. ¡Los caracoles no estarían tiernos, sino pasados!
Al llegar a la cocina, el desastre era aún mayor. Vi que todos los caracoles se habían salido y estaban baboseando por la encimera. Entonces me percaté de que no podían haberse cocido, porque la temperatura estaba por debajo de los 180º. Añadí nuevos caracoles y volví a esperar otros 30 minutos. En ese tiempo, aproveché para preparar el resto del banquete y ponerme un vestido deslumbrante de mi madre.
Cuando llegaron los invitados, empecé a servir los platos. Estaban abrasando, porque llevaban en la cocina desde que comencé a preparar la receta. Pero lo peor estaba por llegar. Al final del banquete, los invitados comenzaron a experimentar extrañas sensaciones hacia la persona que tenían a su derecha. Fue entonces cuando me di cuenta de que la baba de los caracoles se había esparcido por cada uno de los platos, provocando un supuesto efecto tóxico.