Reforma agraria liberal, regreso de los moderados y la regencia de Espartero (1837–1843)
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La reforma agraria liberal
El nuevo sistema liberal significó un impulso de una reforma agraria destinada a desmantelar la propiedad señorial, con tres componentes esenciales:
Componentes fundamentales
- Abolición de los señoríos: favoreciendo que la tierra pasara a manos de los antiguos señores como propiedad privada. El antiguo señor se convertía en propietario.
- Desvinculación de los mayorazgos: permitió a los propietarios poder vender de manera libre las tierras, que hasta entonces estaban unidas a una institución.
- Desamortización de los bienes del clero regular y secular: perseguía tres objetivos: obtener recursos para abastecer el ejército liberal, disminuir el déficit de Hacienda y mejorar las finanzas reales, y forjar propietarios liberales. También defendía el desarrollo de la agricultura.
La liberalización del sistema económico se completó con la abolición de los diezmos. Esto fue posible gracias a la supresión de los privilegios de la Mesta y de los gremios. Todo ello consolidó una libertad de contratación en el trabajo y una libertad de industria. La libertad de comercio fue establecida por la eliminación de aduanas.
La vuelta al poder de los moderados
Aprobada la Constitución, se convocaron nuevas elecciones en octubre de 1837, las cuales ganaron los moderados. Éstos asentaron los principios básicos del régimen liberal moderado: el recurso a la suspensión temporal del funcionamiento de la Constitución, gobernar de forma autoritaria mediante decretos y la restricción de ciertas libertades.
También se frenó la desamortización eclesiástica y se apoyó el sostenimiento del clero. Se acentuó la centralización política con el proyecto de la Ley de Ayuntamientos de 1840, que otorgaba a la Corona la facultad de nombrar a los alcaldes de las capitales.
Los progresistas se sintieron expulsados del sistema y recurrieron a la insurrección para impedir que esta ley fuese aprobada. La regente M. C. apoyó a los moderados; sin embargo, el enfrentamiento se resolvió a favor de los progresistas, que tuvieron en el general Espartero su nuevo líder. La reina, obligada a renunciar a la regencia, marchó al exilio.
La regencia de Espartero (1840)
Espartero fue nombrado regente en un contexto progresista. Inició el mandato con un impulso de las libertades. Sin embargo, pronto derivó hacia un autoritarismo: fue incapaz de cooperar con las Cortes y gobernó con una camarilla de militares afines como sus únicos colaboradores.
Así fue como Espartero se aisló cada vez más de los progresistas y perdió la popularidad que lo había llevado al poder. Una de las actuaciones más trascendentes fue la aprobación de un arancel librecambista, que abría el mercado español a los tejidos de algodón ingleses. La industria textil catalana se sintió amenazada y se produjo un levantamiento en Barcelona, involucrando a la burguesía y a las clases populares que veían peligrar sus puestos de trabajo.
Espartero bombardeó la ciudad y proclamó el estado de guerra hasta conseguir su sumisión. En 1843 se produjo un nuevo levantamiento en el que intervinieron los moderados y que provocó el exilio de Espartero.
La quiebra del régimen progresista y una serie de conspiraciones encabezadas por los generales Narváez y O'Donnell llevaron al poder a los moderados a finales de 1843. Para evitar nombrar una nueva regencia, se adelantó la mayoría de edad de Isabel II y la proclamaron reina a los 13 años.
Notas finales
- Contexto político: el periodo refleja la tensión entre reformas liberales y reacciones conservadoras que marcaron la consolidación del Estado liberal en España.
- Relevancia económica: la desamortización y la apertura comercial tuvieron efectos profundos en la estructura de la propiedad y en la industria nacional, especialmente en la textil catalana.