La Reforma del Estado Borbónico y los Proyectos del Conde-Duque de Olivares
1. La Reforma del Estado Absolutista y Centralista
La reforma del Estado se sustenta en cuatro pilares fundamentales: el centralismo, la reorganización de la administración, la uniformidad cultural y la promulgación de leyes en lengua castellana.
Reformismo y Absolutismo
El sistema se fundamenta en la concepción del poder y la autoridad de origen divino.
- Implicaciones: El castellano pasa a ser la única lengua jurídica y administrativa, acompañado de la supresión paulatina de instituciones forales.
- Fronteras y aduanas: Se promueve el fortalecimiento de la figura del monarca y la unificación territorial y fiscal de todos los dominios.
Reforma Institucional
Órganos Consultivos
- Las Cortes: Pierden su función legislativa tradicional.
- Los Consejos: Pasan a asumir un papel eminentemente asesor frente al rey.
Órganos Ejecutivos
- Administración Central: Se crean las Secretarías de Despacho (Asuntos Extranjeros, Justicia y Hacienda).
- Administración Territorial:
- Capitanías Generales: Con capacidad para la toma de decisiones y el control militar sin depender directamente del rey sobre el terreno.
- Reales Audiencias: Encargadas de la administración de justicia.
- Corregidores e Intendentes: Encargados del orden público, el fomento económico y la recaudación de impuestos.
Conclusión: Muchas de las bases de esta reforma institucional, especialmente en materia de Hacienda, han perdurado e influido en las estructuras administrativas hasta la actualidad. En el plano cultural, los decretos imponen la prioridad del castellano; asimismo, la modificación o anulación de ordenanzas aduaneras estimuló el auge de la actividad comercial en el interior peninsular.
2. Los Proyectos de Reforma del Conde-Duque de Olivares
El Conde-Duque de Olivares desempeñó el papel de valido (cargo político de máxima confianza personal del monarca, que acumulaba un enorme poder y riquezas) durante el reinado de Felipe IV. Al inicio de su mandato, impulsó un ambicioso programa de reformas con el propósito de recuperar la reputación de la Monarquía Hispánica y reformar sus estructuras para fortalecerla.
Principios Fundamentales
- La Reputación: Procuraba devolver el prestigio internacional a la Corona mediante un protagonismo activo en los conflictos bélicos europeos. Esta línea estratégica conllevó la reanudación de la guerra contra las Provincias Unidas de Holanda, la cual terminó confluyendo en la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), escenario donde se dirimía la hegemonía continental.
- La Reformación: Dirigida a fortalecer las finanzas y frenar la decadencia del imperio mediante proyectos inspirados en las ideas de los arbitristas. La reactivación de una política exterior ofensiva en Europa exigía grandes sumas de dinero a una Hacienda Real en bancarrota crónica; para solventarlo, Olivares promovió reformas financieras y de defensa.
La Unión de Armas (1621-1626)
Con la reactivación militar y la entrada formal en la contienda europea contra las potencias protestantes en 1621, se proyectó la Unión de Armas: un decreto para crear una fuerza militar permanente de 140.000 hombres, reclutada y sostenida económicamente por todos los reinos y provincias de la monarquía en función de su riqueza y población.
El propósito consistía en distribuir equitativamente el coste económico y humano de las campañas bélicas entre todos los territorios de la Corona, aliviando la asfixia contributiva que Castilla soportaba prácticamente en solitario.
El Fracaso del Proyecto y la Crisis de 1640
La Unión de Armas fracasó debido a la tenaz resistencia de las Cortes de la Corona de Aragón y al recelo de los distintos reinos a perder sus fueros y privilegios tradicionales.
- En 1640 estallaron graves rebeliones simultáneas en Cataluña y Portugal (que condujo a la independencia de este último reino).
- En 1643, desgastado por los reveses militares y la oposición política, el Conde-Duque de Olivares fue obligado a dimitir por el rey Felipe IV.
Balance final: Los proyectos reformistas de Olivares fracasaron por la oposición activa de las élites sociales y de los territorios periféricos que temían verse perjudicados. Asimismo, el estado de guerra continuo obligó a adoptar medidas de emergencia financiera y aplazar unas reformas institucionales que requerían estabilidad, tiempo y un periodo prolongado de paz para consolidarse.