El Reino Visigodo en Hispania: Historia, Instituciones y Legado Cultural
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Las Invasiones Bárbaras y el Reino Visigodo
Los visigodos, pueblo federado del Imperio Romano, llegaron a la Península en el año 415 para colaborar en la pacificación del territorio tras su invasión por parte de suevos, vándalos y alanos en 409. Los suevos se asentaron en Galicia, mientras que los vándalos y parte de los alanos pasaron al norte de África. En un principio, los visigodos se concentraron en el sur de la Galia, pero a principios del siglo VI entraron masivamente en Hispania tras su derrota ante los francos en Vouillé, creando el Reino de Toledo, que se mantendría hasta la invasión musulmana en 711. En un principio, los visigodos se mantuvieron por encima de la población hispanorromana, pero muy pronto llevaron a cabo la unificación de ambos pueblos.
Procesos de Unificación
- Unificación territorial: llevada a cabo por Leovigildo (Rey 573-586) tras derrotar a suevos y bizantinos.
- Unificación religiosa: propiciada por Recaredo (Rey 586-601) en el III Concilio de Toledo, declarando el catolicismo como religión oficial.
- Unificación legislativa (654): llevada a cabo por Recesvinto (Rey visigodo hasta 672) al promulgar el Liber Iudiciorum, único código para ambos pueblos.
Instituciones Políticas
La institución visigoda más importante fue la Asamblea de Hombres Libres, donde residía el poder del reino, que se entregaba a un rey elegido por ellos. El carácter electivo de la monarquía determinó la debilidad del poder del rey y, con ello, una permanente inestabilidad por las interferencias de la nobleza y del alto clero. El rey gobernaba con ayuda de un Officium Palatinum, compuesto de dos órganos:
- El Aula Regia o Consejo Real: órgano asesor del rey.
- Los Concilios de Toledo: asambleas legislativas que ratificaban las decisiones reales.
Cultura y Sociedad
Los visigodos adoptaron y continuaron la tradición latina, cristiana e imperial romana, pero sobre una sociedad ruralizada, ya que la vida en las ciudades desapareció. La cultura se reducía al ámbito religioso. El escritor más destacado fue San Isidoro de Sevilla quien, en el libro Etimologías, intentó mantener el legado cultural romano.