Represión, Exilio y Resistencia Durante el Franquismo: 1939-1952
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La Represión Franquista
En la zona nacional se desató una violencia indiscriminada contra los republicanos. A punto de finalizar el conflicto, se procedió a una institucionalización de la represión con la promulgación de una serie de leyes coercitivas y la supeditación de la justicia a los dictados del gobierno, lo que supuso la desaparición de un poder judicial independiente. La represión institucionalizada tuvo su época de mayor intensidad entre 1939 y 1945. Estas leyes fueron:
- Ley de Responsabilidades Políticas (1939): con la que el Régimen pretendía la depuración total de las personas que colaboraron con la República.
- Ley de Depuración de Funcionarios (1939).
- Ley de Represión del Comunismo y la Masonería y la Ley de Seguridad del Estado (1940).
El ejército fue el principal brazo ejecutor de la política represiva hasta 1963, cuando se creó el Tribunal de Orden Público (TOP) para presos políticos. Durante los años 1939 y 1945, la mayoría de las causas eran juzgadas por tribunales militares en Consejo de Guerra. Una parte considerable de los condenados eran llevados a los Batallones de Trabajadores, integrados por reclutas desafectos y a los que el régimen consideraba peligroso incorporarlos al ejército. Se dedicaban a la realización de obras de reconstrucción de infraestructuras o trabajaban en canteras, minas y edificios públicos.
El conjunto de medidas represivas se caracterizó por castigar e infundir terror entre la población para callar cualquier tipo de disidencia. La despolitización forzada contribuyó a la pervivencia de la dictadura. Se ejerció presión por medio del encarcelamiento, la pena de muerte, la confiscación de bienes particulares, sindicatos, asociaciones y entidades vinculadas a los republicanos, la depuración de funcionarios y de destacadas personalidades del mundo de la cultura y la ciencia, y la prohibición de manifestaciones lingüísticas y culturales no castellanas.
La Represión Cultural y el Exilio
La represión cultural tuvo como objetivo imponer la ideología de los vencedores a través de la censura de las publicaciones, el control de los libros de texto y la tergiversación de la historia. Universidades, institutos y maestros se pusieron al servicio total del Estado, y muchos científicos, juristas, historiadores, poetas y pintores huyeron de España y encontraron prestigio en otros países.
Mientras, millones de personas se vieron obligadas a cambiar su comportamiento e ideas conforme a las exigencias políticas y sociales del nuevo Estado, y otras fueron encarceladas o ejecutadas. Miles de personas comprometidas con la República abandonaron el país y partieron al exilio al acabar la guerra. Una gran parte regresó cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial. Unas 100.000 personas permanecieron en Francia o en los dominios franceses del norte de África, y muchos combatieron al nazismo. En Francia se refugiaron obreros y sindicalistas, y allí acabaron su vida Azaña, Largo Caballero y Antonio Machado. Se concedió el Premio Nobel a Juan Ramón Jiménez y a Severo Ochoa. Unos miles de compatriotas huyeron a Gran Bretaña y México, entre los que estaban escritores e intelectuales, políticos de la República y profesionales cualificados. En México se reanudó en 1945 la actividad de la República Española en el exilio, que duró hasta la llegada de la democracia en 1977.
La Resistencia Guerrillera
En el interior de España se mantuvo la oposición al régimen a través de los grupos guerrilleros formados tras la guerra. Patrocinados por el PCE y con la colaboración de socialistas, anarquistas y nacionalistas vascos, no fueron erradicados hasta 1952, y sus actuaciones fueron magnificadas por Radio Pirenaica. Instalados en las montañas de Asturias, León, el Sistema Ibérico y Andalucía, carecían de armamento. Fueron duramente perseguidos y reprimidos al amparo de la Ley de Represión del Bandidaje y del Terrorismo (1947). Su esperanza era resistir hasta la invasión de España por las tropas aliadas al final de la Segunda Guerra Mundial. En 1944, un grupo intentó desde Francia una invasión de la Península por el Valle de Arán, pero tuvo que retirarse. Continuaron con la resistencia hasta los años 50.