La Restauración Borbónica: Conflictos, Reformas y el Sistema de Turnos (1874-1902)

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1. Fin de los conflictos bélicos

La Restauración borbónica privó a la causa carlista de parte de su hipotética legitimidad y algunos personajes del carlismo reconocieron a Alfonso XII. La intervención del ejército, al mando de Martínez Campos, forzó la rendición de los carlistas en Cataluña, el País Vasco y Navarra en 1876. Carlos VII cruzó la frontera francesa hacia el exilio y la guerra finalizó.

El final de la guerra carlista permitió acabar más fácilmente con la insurrección cubana. En 1878 se firmó la Paz de Zanjón, que incluía amnistía, la abolición de la esclavitud y promesas de reformas políticas. Sin embargo, el retraso e incumplimiento de estas reformas dio inicio a un nuevo conflicto en 1879 (Guerra Chiquita) y a la posterior insurrección de 1895.

2. La Restauración Borbónica (1874-1902)

Contexto social y político

  • Nacionalismos: Surgimiento del catalanismo, el nacionalismo vasco y el regionalismo gallego.
  • Movimiento obrero y campesino: Auge de las reivindicaciones sociales.
  • Regencia: Periodo de Mª Cristina de Habsburgo y consolidación del turno de partidos (1885-1902).

El Pacto del Pardo y el turno de partidos

La muerte de Alfonso XII en 1885 impulsó un acuerdo entre conservadores y liberales conocido como el Pacto del Pardo. Su finalidad era apoyar a la regente ante las presiones de carlistas y republicanos.

Durante la Regencia, el Partido Liberal gobernó más que el Conservador. En el llamado gobierno largo de Sagasta (1885-1890), los liberales impulsaron una importante obra reformista:

  • Ley de Asociaciones: permitió la entrada al juego político de los opositores.
  • Abolición de la esclavitud en las colonias.
  • Introducción de los juicios mediante jurados.
  • Promulgación de un nuevo Código Civil.
  • Reformas en la Hacienda y en el ámbito militar.
  • Aprobación del sufragio universal masculino en 1890.

El caciquismo y el fraude electoral

El turno pacífico pudo mantenerse más de 20 años gracias a la corrupción y al poder económico de los caciques. Estos eran personas notables, sobre todo del medio rural, a menudo ricos propietarios que daban trabajo a jornaleros y tenían gran influencia en la vida local. También podían ser abogados, profesionales de prestigio o funcionarios de la Administración que controlaban los ayuntamientos.

Los caciques manipularon las elecciones sistemáticamente. El conjunto de trampas electorales que ayudaba a conseguir la adulteración de los resultados se conoce como pucherazo.

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