La Restauración Borbónica: Constitución de 1876, Turnismo y Caciquismo

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La Constitución de 1876

Las Cortes que la crearon fueron elegidas por sufragio universal masculino y sus principales rasgos eran los siguientes:

  • Soberanía compartida entre el rey y las Cortes.
  • Amplios poderes para el rey.
  • Cortes bicamerales, formadas por un Congreso de los Diputados y un Senado compuesto por senadores “por derecho propio” (altos cargos eclesiásticos y burgueses), senadores elegidos por el rey y otros elegidos por sufragio restringido.
  • La Corona como eje del Estado, con poder ejecutivo, mando sobre el ejército y la capacidad de disolver las Cortes.
  • Reconocimiento de derechos individuales.
  • La religión católica como oficial del Estado.

El Turno de Partidos: Conservadores y Liberales

El Partido Conservador (heredero de la ideología de los moderados y formado por aristócratas y grandes propietarios) y el Partido Liberal (heredero de los progresistas y representado por Sagasta) se turnaron en el gobierno de forma pactada, ya que sus ideologías no eran muy distintas. El turnismo manipulaba los votos para que otros partidos no llegaran al poder, asegurando que solo gobernara el partido deseado.

Este sistema tuvo dos etapas principales:

Reinado de Alfonso XII (1875-1885)

El régimen se afianzó debido al agotamiento político de la sociedad, a la coyuntura económica favorable del país y a los éxitos pacificadores que pusieron fin a la guerra. Los conservadores lograron terminar conflictos bélicos como la Tercera Guerra Carlista y la Guerra de Cuba. Además, se aprobaron leyes clave como la propia Constitución de 1876 y la Ley Electoral de 1878, y se favoreció el proteccionismo con un nuevo arancel.

La Regencia de María Cristina (1885-1902)

María Cristina se convirtió en reina regente a la muerte de su esposo, ya que el heredero, Alfonso XIII, nacería meses después. Se dejó aconsejar por Sagasta y afianzó el régimen con la aprobación de leyes importantes como la de prensa, la de asociaciones y la del jurado.

Falseamiento Electoral y Caciquismo

Debido a la existencia de todo tipo de fraudes para asegurar el gobierno del partido pactado, el sistema representativo parlamentario era una ficción. El partido que iba a gobernar fijaba de antemano los resultados y los negociaba con los líderes del partido saliente, en un proceso conocido como el “encasillado”.

La base de este fraude residía en la figura de los caciques, personas muy influyentes a nivel local que amañaban las votaciones mediante violencia, el intercambio de favores o el fraude directo, conocido como el “pucherazo”. El caciquismo fue una consecuencia directa del bipartidismo, el poder de la Corona y el gran control ejercido por la oligarquía. Todo ello impidió la consolidación de un verdadero modelo liberal, convirtiendo en una ficción el sistema parlamentario diseñado por la Constitución de 1876.

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