Los Reyes Católicos: Unificación Territorial, Diplomacia y Expulsiones
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Expansión Territorial y Acuerdos Internacionales
El Tratado de Alcaçovas-Toledo de 1479 establecía que todas las tierras al sur del cabo Bojador quedaban para Portugal. Esta concordia hispano-lusa terminó cuando en 1486, un marino genovés, Cristóbal Colón, ofreció su proyecto de llegar a las Indias por la ruta del Atlántico. La firma de las Capitulaciones de Santa Fe, en abril de 1492, provocó la salida de una expedición el 2 de agosto de 1492, que tras un duro viaje llegó el 12 de octubre de 1492 a la isla de San Salvador (América).
El descubrimiento de las nuevas tierras y la donación papal de Alejandro VI de las mismas, ocasionó las protestas de Portugal y, consecuentemente, la firma del Tratado de Tordesillas en 1494, que dividía el mundo en dos áreas de influencia, con una línea de separación a 350 leguas de Cabo Verde.
Estrategia Matrimonial: El Aislamiento de Francia
Para ello, los Reyes Católicos plantearon casar a sus hijos con los herederos de las principales dinastías europeas:
- Isabel y María con Manuel de Portugal.
- Juan con Margarita de Austria.
- Juana con Felipe de Austria.
- Catalina con Enrique VIII de Inglaterra.
Unificación Religiosa y Consecuencias Sociales
Los deseos unificadores se extendieron también al ámbito religioso. La convivencia, más o menos pacífica, entre cristianos, musulmanes y judíos durante la Edad Media en los territorios peninsulares se rompió definitivamente con los Reyes Católicos.
Los judíos formaban una poderosa minoría dedicada al préstamo y con gran influencia, especialmente con la monarquía, que era su principal cliente en este ámbito. Esta posición social había provocado el odio de las masas populares. La presión social y política, sobre todo de la Iglesia Católica, ocasionó varios pogromos (persecuciones de judíos) en los siglos XIV y XV. En este contexto, los Reyes Católicos dieron un paso más contra la minoría judía, y en 1492 decretaron la conversión forzosa al cristianismo o la expulsión. La mayor parte optó por la emigración, lo que significó la pérdida de una minoría laboriosa y emprendedora, lo que tuvo repercusiones negativas en el desarrollo económico posterior.
Del mismo modo, los musulmanes de Granada sufrieron una presión constante, impulsada por la Iglesia y dirigida por el Cardenal Cisneros, a pesar de las Capitulaciones firmadas en 1492. El objetivo era obligar a la conversión. En 1502, fueron obligados a convertirse y, ante su resistencia, se les forzó a convertirse y a salir de Granada, quedando repartidos por el Levante y Castilla, recibiendo el nombre de moriscos.