El Rol Fundamental de Dios en la Filosofía Cartesiana y la Certeza del Cogito
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Importancia de Dios en la Filosofía Cartesiana
Una vez reconocida la existencia de Dios, el criterio de la evidencia encuentra en Él su última garantía. Dios, por su perfección, no puede engañarme: la facultad de juicio que he recibido de Él no puede ser tal que me induzca a error, si se emplea rectamente. Esta consideración quita toda posibilidad de duda sobre todos los conocimientos que se presentan al hombre como evidentes.
La Superación del Solipsismo y la Realidad Extramental
Ahora nos es posible eliminar la hipótesis del genio maligno encontrando en Dios la garantía de la correspondencia entre el orden del pensamiento y el de la realidad. De este modo demostrará Descartes la existencia del mundo a partir de la existencia de Dios al garantizar que a mis ideas les corresponde una realidad extramental, pudiendo superar su solipsismo psicológico (estancamiento deductivo). También fundamentará el valor absoluto y universal de su método al poder demostrar su fecundidad en el dominio del saber científico.
Segunda Meditación: La Existencia del Cogito
El camino hacia la certeza absoluta comienza con la duda metódica, buscando un fundamento firme.
- Igual que Arquímedes pedía un solo punto de apoyo firme e inmóvil para mover la tierra, yo concibo grandes esperanzas si hallo sólo una cosa cierta e indudable.
- Ya estoy persuadido de que no hay nada en el mundo: ni cielos, ni tierra, ni cuerpos, ni espíritu. ¿Debo persuadirme también de que yo no soy? No. Si he llegado a persuadirme o pensar algo, es, sin duda, porque era. No. Si hay un burlador que me engaña, por mucho que me engañe y precisamente por esto, nunca conseguirá hacer que yo no sea nada.
- Proposición necesariamente verdadera mientras la estoy pronunciando o concibiendo en mi espíritu: Yo soy, yo existo.
- ¿Qué soy? Una cosa que piensa. ¿Qué es una cosa que piensa? Una cosa que duda, entiende, concibe, afirma, niega, quiere, no quiere, y, también, imagina y siente.
- Debería parecer extraño decir que conozco y comprendo más distintamente unas cosas cuya existencia me parece dudosa y que me son desconocidas y no me pertenecen, que aquellas otras de cuya verdad estoy persuadido y me son conocidas y pertenecen a mi propia naturaleza; en una palabra, que a mí mismo.