Rousseau, Marx y Nietzsche: libertad, materialismo y el superhombre en la filosofía moderna

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Rousseau, Marx y Nietzsche: libertad, materialismo y el superhombre

Rousseau: libertad, inocencia y contrato social

Rousseau rechazó la concepción de Hobbes y la de Descartes. El mecanicismo no puede explicar la libertad que el ser humano experimenta y siente. Frente a la concepción de Descartes, Rousseau asegura que lo que distingue al ser humano del animal no es la inteligencia o la razón, sino la libertad, la conciencia de esa libertad y su perfectibilidad.

El hombre no solo es libre por naturaleza, sino que además es bueno, inocente. Se pervierte en algún momento de la historia y en él se desencadena un deseo de incrementar sus pertenencias. La única solución es un nuevo Contrato Social; solo en un Estado regido por las leyes es posible que el ser humano recupere parte de su inocencia original.

Para Rousseau la razón es causa de la desigualdad. Los sentimientos y las emociones construyen la guía moral del hombre. El conocimiento científico no nos ayuda a conocer el fundamento de la realidad, ni a justificar las leyes morales y sociales: surge de un sentimiento natural.

Materialismo y Marx

Es un conjunto de corrientes filosóficas que coinciden en señalar que todos los fenómenos de la realidad, incluidos los procesos subjetivos humanos, se reducen y explican desde la materia. Todo lo que existe es materia; hasta los procesos mentales que caracterizan al ser humano quedan explicados desde su sustrato físico.

Marx subraya el carácter social y material del ser humano. La conciencia y el pensamiento del ser humano están determinados por la sociedad, es decir, por las formas de producción. Hasta ahora no todos los hombres han podido satisfacer plenamente sus necesidades debido a la explotación y el dominio de unos hombres sobre otros, distribuidos en clases opresoras y clases oprimidas.

La causa puede ser el dinero, la religión, el Estado, etc. Se presenta cuando el proletariado es expropiado del producto de su trabajo a fin de incrementar el capital. Debemos tomar conciencia para poder iniciar los cambios sociales que nos devuelvan la humanidad que perdimos.

Filósofos, ateísmo y Nietzsche

Los filósofos son, en su mayor parte, ateos; tienen en común la aceptación de que el ser humano dispone de una conciencia abierta a la realidad universal y configuradora del vasto mundo cultural en que habita, la defensa de la libertad personal como fundamento de su dignidad y la negación de la existencia de un Dios o de la inmortalidad del alma.

Según Nietzsche, en el ser humano juegan dos impulsos básicos: uno creativo y otro conservador. El hombre es un animal no definido ni fijado, sino sometido a las fuerzas creativas e instintivas de la voluntad de poder, creando por sí mismo, como un artista, su propia vida aun a riesgo de perderla. Esta situación de fracaso solo puede ser superada reconociéndola como insuperable.

El superhombre

El superhombre es capaz de afirmar: «Yo y además nada». Nietzsche reprocha al cristianismo y a los filósofos idealistas que hayan partido de esta situación para demostrar la existencia de Dios. El superhombre, por tanto, es aquel que ha superado la vida del rebaño y sus cargas llenas de obligaciones y renuncias, y que ha recuperado la inocencia del niño que juega y crea la vida por el gozo de poder vivirla sin plantearse metas más allá del juego mismo.

Resumen de ideas clave

  • Rousseau: libertad, inocencia natural, sentimientos como base moral y necesidad de un contrato social.
  • Materialismo/Marx: primacía de la materia y de las condiciones sociales y económicas en la formación de la conciencia; lucha de clases y explotación.
  • Nietzsche: voluntad de poder, crítica al cristianismo y al pensamiento idealista, y la figura del superhombre como superación de la moral del rebaño.
Observaciones finales

Estas tres perspectivas ofrecen diagnósticos distintos sobre la condición humana: la tensión entre libertad y determinación, entre sentimiento y razón, y entre estructura material y creatividad individual. Comprender sus matices es esencial para abordar cuestiones éticas y políticas contemporáneas.

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