Sertorio, Espartaco y Catilina: rebeliones y campañas en la República romana
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Conflictos y contexto general
Siendo cónsules Marco Emilio Lépido y Quinto Catulo, al haber restablecido Sila la república, estallaron nuevas guerras, pues Sertorio, que había sido del partido de Mario y que logró evitar la suerte de los demás que habían sido asesinados, llevó la guerra a las Hispaniae. Finalmente, al octavo año fue asesinado por los suyos.
La revuelta de los gladiadores
En efecto, setenta y cuatro gladiadores, siendo jefes Espartaco, Cripso y Oenomao, rompieron las puertas de la escuela de Capua y huyeron. Vagando por Italia, prepararon una guerra casi tan grande como la que había puesto en marcha Aníbal. Tras ser derrotados muchos líderes, y los dos cónsules romanos al mismo tiempo, reunieron un ejército de casi 60 000 hombres armados.
Lucio Catilina
Lucio Catilina, nacido de noble linaje, fue de gran fuerza de espíritu y de cuerpo, pero de carácter perverso y depravado. Su cuerpo estaba acostumbrado al hambre, al frío y al insomnio por encima de lo que es creíble para cualquiera; su espíritu era audaz, engañoso, cambiante, fingidor y disimulador de cualquier cosa que quería, deseoso de lo ajeno, generoso de lo suyo y ardiente en pasiones; tenía bastante elocuencia y poca sabiduría.
Movilizaciones en Lusitania, Celtiberia y zonas adyacentes
Decididas estas cosas, Petreyo exige jinetes y tropas auxiliares a toda Lusitania. De igual modo, Afranio reclama refuerzos a la Celtiberia, a los cántabros y a todos los bárbaros que se extienden hasta el océano. Reunidas estas fuerzas rápidamente, Petreyo llega junto a Afranio y deciden llevar a cabo una campaña junto a Lérida debido a su situación ventajosa, por un acuerdo común.
Tormenta repentina y destrucción de puentes
Ocurre también un problema repentino: se produce una tormenta tan grande que parecía no haberse visto mayores crecidas en aquellos lugares; además, derritió las nieves de todas las montañas, rebasó las elevadas orillas del río y cortó en un solo día ambos puentes que había construido Cayo Fabio. Este hecho trajo grandes dificultades al ejército de campaña.
Apoyos y suministros de las ciudades
Entretanto, los oscenses y los calagurritanos, que eran tributarios de los oscenses, le envían legados y prometen que harán las cosas ordenadas; les siguen los tarraconenses, los jacetanos y los ausetanos y, después de pocos días, los ilurgabonenses, que se extienden hasta el río Ebro. Se solicita que todos estos lo ayuden con trigo.