El Siglo de Oro de Atenas: Pericles y los Fundamentos de la Democracia Clásica

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La Atenas de Pericles: El Nacimiento de la Democracia

Tras la victoria de los griegos ante los persas en las Guerras Médicas, Atenas salió reforzada y sobresalió entre las demás ciudades-Estado gracias a su poderío naval. El estadista Pericles instauró la primera democracia de la historia. Es fundamental recordar que la palabra democracia está formada por demos («pueblo») y kratos («poder»).

La democracia ateniense vivió su esplendor en los primeros cincuenta años del siglo V a. C. Sin embargo, en tiempos de Sócrates, comenzaron a registrarse las primeras críticas de corrupción y demagogia. En la segunda mitad del siglo V a. C. sucedieron las Guerras del Peloponeso, que concluyeron con la derrota de Atenas. A la oligarquía (gobierno de los ricos y poderosos) le sucedió el Régimen de los Treinta Tiranos. Una serie de revueltas derrocó la tiranía y restauró la democracia, pero en una forma decadente que Platón criticaría severamente. Los años de Pericles nunca volverían a darse.

Los Principios Político-Morales de la Democracia Ateniense

En términos ideales (y respecto a los cuales se aproximaba enormemente la Atenas de Pericles), la democracia funcionaba sobre la base de tres principios político-morales esenciales:

  • Isonomía
  • Isegoría
  • Parrhesia

A continuación, detallamos el significado de cada uno de estos pilares:

Isonomía

La isonomía era el sometimiento por igual de todos los ciudadanos ante la ley; es decir, no existían intocables.

Isegoría

La isegoría era el derecho de todo ciudadano a tomar la palabra en el ágora (Asamblea de ciudadanos), para expresar su opinión sobre el tema que se debatiese.

Parrhesia

La parrhesia era la obligación moral de todo ciudadano a expresarse con absoluta franqueza y honestidad en los debates políticos.

Características y Limitaciones de la Ciudadanía

La democracia ateniense era directa, no representativa o indirecta. Los ciudadanos estaban obligados a personarse en el ágora cada vez que se celebraba un debate político, lo cual ocurría a diario.

Obligaciones del Ciudadano

Además de la participación en la Asamblea, los ciudadanos tenían otras obligaciones cívicas:

  • Desempeñar labores judiciales (se realizaban sorteos para decidir al juez).
  • Realizar el servicio militar (solo los ciudadanos eran soldados).

De todas las demás labores administrativas y productivas se encargaban los esclavos.

Requisitos para ser Ciudadano

En la Atenas de la época clásica había unas doscientas mil personas. De ellas, solo veinte mil eran ciudadanos. De hecho, la palabra demos, que significa «pueblo», se refería exclusivamente a los ciudadanos.

Los requisitos para ser reconocido ciudadano se reducían a ser hombre mayor de edad con raíces atenienses. Los niños, los extranjeros, las mujeres y los esclavos quedaban fuera de la política y carecían de derechos.

Para la mentalidad griega de la época, el machismo, la xenofobia y el racismo estaban a la orden del día. Pensemos que los griegos llamaban bárbaros a cualquier persona que no supiese hablar griego (barbarós es una onomatopeya en griego antiguo que imita los balbuceos incomprensibles de lenguas extranjeras).

El Camino hacia la Decadencia

No obstante, si un hombre era ciudadano, no importaba su profesión, ni su inteligencia, ni su cuna (si era o no de familia aristocrática), ni su riqueza. A los ciudadanos pobres la polis les otorgaba una «paga» para que no descuidasen sus obligaciones políticas.

Este interés sin parangón por la participación de la ciudadanía en la política explica por qué los ciudadanos atenienses deseaban adquirir cultura y conocimientos: cuanto mayor fuese su conocimiento, mayor éxito cosecharían en los debates políticos y más convincentes o persuasivos resultarían a oídos del resto. En cierto sentido, la búsqueda de éxito persuasivo abocó a la democracia ateniense a la demagogia y, finalmente, a su autodestrucción (perfectamente ejemplificada en la condena de Sócrates).

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