El Significado Espiritual de la Luz y el Color en el Arte Románico

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El Simbolismo de la Luz y del Color

Las iglesias románicas eran edificios majestuosos que proclamaban la grandeza de la Iglesia en un mundo en el que no existía el color y el sufrimiento era cotidiano. Todo en los templos románicos es simbólico, y en un mundo donde la inmensa mayoría de la población era analfabeta, el mensaje de Cristo se difundía mediante imágenes lo más expresionistas posible para que su significado se pudiera comprender con facilidad.

Todo estaba policromado, escondiendo la dureza de la piedra tras un manto de colores vibrantes y puros, muy alejados de los apagados ocres de las pobres viviendas de adobe y techumbre vegetal de los campesinos. La luz jugaba un papel esencial dentro del programa simbólico e iconográfico, ya que se pasaba de una penumbra y oscuridad casi totales hasta el lugar más pleno de luz, el crucero, que recibía la iluminación desde el cielo a través de los vanos del cimborrio, en una especie de camino ascensional hacia el altar.

Jerarquía y Disposición de las Imágenes

En los muros se solían disponer las imágenes con una jerarquía precisa:

  • Nivel inferior: En las partes bajas, los lugares escondidos y elementos que servían de soporte —que no aparecían como en la actualidad, sino policromados— se situaban imágenes infernales, grotescas o pecaminosas. Es decir, el mundo de las profundidades, del pecado.
  • Nivel intermedio: Según se iba ascendiendo en importancia y en altura, se situaban imágenes del mundo sensible: escenas cotidianas, labores agrícolas, reyes, gobernantes, etc.; o sea, del mundo terrenal.
  • Nivel superior: Por fin, en los lugares privilegiados, se situaban imágenes simbólicas del mundo de la Gracia, incluidas las vidrieras, que siempre proyectaban una luz coloreada.

En este último escalón jerárquico también se respetaba, más si cabe, el orden de prevalencia, de manera que los lugares privilegiados se reservaban para Cristo o la Virgen María y los menos relevantes para ángeles, santos secundarios o representaciones de las almas bienaventuradas, respondiendo, también, a una relación de tamaño que acentuaba la importancia de cada elemento.

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