El Significado del Rayo, Toro, Viento y Huesos en la Poesía de Hernández

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Rayo: El significado denotativo del rayo como fenómeno de la naturaleza tiene dos acepciones bien diferenciadas: el rayo de luz y el rayo de tormenta. De estas dos ideas nacerán sus valores connotativos: el rayo como amenaza y maldición, donde en el contexto histórico amoroso de El rayo que no cesa, el rayo representa el deseo no satisfecho de un joven poeta en constante celo. El rayo como fuerza y garra, en Sonreídme, el poema clave de su cambio ideológico y de su apostasía, el rayo es exaltación de la violencia social, fuerza positiva en su función social. Desde el punto de vista del amor, el rayo es una atribución cósmica que define al poeta con la oposición grandioso/diminuto.

Toro:

Sobre todo en la poesía de amor, el toro sustituye a imágenes anteriores. La delicadeza del ave, del ruiseñor, a pesar de sugerencias al vuelo y a la libertad, resultaba de inferior garra poética que el toro, cuyo significado corre paralelo a lo que en el periódico bélico representaban otros animales. El toro bravo en libertad, como fuerza e impulso genital, simboliza la virilidad y la masculinidad de los instintos naturales. El toro de lidia, como valor trágico, equiparado al sentimiento de amor, simboliza el destino fatal que va abocado al dolor y a la muerte. El buey es un símbolo peyorativo del que es social o políticamente dominado, humillado y del que trabaja vejado por otro.

Viento:

El viento es el símbolo por excelencia de la poesía épica de Hernández, quien se define como viento del pueblo una vez iniciado el conflicto bélico. Este simboliza la fuerza del pueblo que se asocia al compromiso social y político de la solidaridad con los desahucios. En el periodo carcelario, se transforma en viento de odio, el rencor... es, en el tramo final de su vida, el viento del encono de los huracanes que acosan a los enamorados.

Huesos:

En la poesía de Hernández, los huesos evocan la vida y la muerte. En el periodo amoroso, los huesos pasan a ser uno de los centros del impulso erótico. En el periodo bélico, surge una metonimia hueso-ser humano y simboliza el impulso épico de los combatientes republicanos. A esto se le incorpora de inmediato un valor implícito de germinación y resurrección. En el periodo de prisiones, el símbolo invierte su significado y se dirige hacia la muerte.

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