La Sociedad y Economía en la España del Siglo XVIII: El Antiguo Régimen

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La Sociedad Estamental en el Ocaso del Antiguo Régimen

La sociedad del siglo XVIII continuaba manteniendo la división en estamentos, y sus características esenciales eran la desigualdad jurídica y el inmovilismo. Esta estructura dividía a la población en dos grandes grupos: los privilegiados y los no privilegiados.

Los Grupos Privilegiados: Nobleza y Clero

Los grupos privilegiados eran dueños de la mayor parte de la propiedad territorial, no pagaban impuestos y ostentaban los cargos públicos. Se componían de:

  • El clero: Constituía poco más del 2% de la población, pero controlaba más del 40% de la propiedad territorial.
  • La nobleza: A la que se pertenecía por nacimiento o por nombramiento real, no sobrepasaba el 5% de la población, aunque poseía extensas propiedades y detentaba numerosos señoríos, en los que administraba justicia y de los que extraía cuantiosas rentas.

El Tercer Estamento: El Pueblo Llano

El tercer estamento, el más heterogéneo, estaba compuesto por el resto de los habitantes del reino. Soportaba la mayor parte de las cargas económicas del Estado y se hallaba marginado de las decisiones políticas.

El Campesinado

Los campesinos, la inmensa mayoría de la población, continuaban sometidos a un régimen señorial que les obligaba a entregar la mayor parte de sus rentas agrarias, manteniéndoles así en el límite de la supervivencia, cuando no del hambre crónica.

La Burguesía

El poder de la nobleza y el clero durante los siglos XVI y XVII había impedido el desarrollo de la burguesía comercial e industrial. Pero la mejora de la actividad económica, sobre todo el desarrollo del comercio, permitió su crecimiento a lo largo del siglo XVIII, aunque su peso e importancia no sobrepasaban el ámbito de algunas ciudades (Cádiz, Barcelona…).

Una Economía Fundamentalmente Agraria y Señorial

La agricultura era todavía la fuente esencial de riqueza, y a ella se dedicaba más del 80% de la población. La estructura de la propiedad y la producción agraria determinaba el conjunto de la economía.

La Propiedad de la Tierra: Amortización y Señoríos

La mayor parte de la tierra estaba amortizada, es decir, no podía comprarse ni venderse y debía transmitirse en herencia. Así sucedía con las tierras de la Iglesia, de los ayuntamientos o de la nobleza, en cuyos patrimonios era habitual la institución del mayorazgo, que en el siglo XVIII se extendió a los plebeyos enriquecidos. Asimismo, la propia Corona, la nobleza y la Iglesia continuaban siendo los titulares de los señoríos, extensas posesiones sobre las que ejercían jurisdicción y de las que recibían cuantiosas rentas. En consecuencia, la mayor parte de la tierra cultivable estaba fuera del mercado y la inmensa mayoría de la población no podía acceder a la propiedad.

La Situación del Campesinado

Aunque existían agricultores propietarios de sus tierras, sobre todo en Cantabria, Asturias, el País Vasco y el norte de Castilla, la mayor parte del campesinado era arrendatario o jornalero. La condición de estos campesinos variaba según las zonas y el tipo de contrato al que estaban sujetos.

  • En Cataluña: La mayoría de las tierras era de señorío laico o eclesiástico y cultivada por campesinos con contratos enfitéuticos, es decir, estables y a perpetuidad. Por ello, no estaban sometidos a aumentos de renta y se beneficiaban del crecimiento de los rendimientos agrarios.
  • En el sur de Castilla, Extremadura y Andalucía: Existían enormes extensiones (latifundios) en manos de la nobleza y el clero, trabajadas por campesinos en arriendos a corto plazo o por jornaleros. Las condiciones para el campesinado eran muy duras.

Artesanía y Comercio: Sectores Subsidiarios

En el Antiguo Régimen, la artesanía y el comercio eran sectores económicos subsidiarios del mundo agrario.

La Industria Artesanal

La industria tradicional continuaba organizada de forma gremial, con un estricto control sobre la producción y la creación de nuevas industrias.

El Comercio

Respecto al comercio, el mercado interior era débil y escaso, limitado en su mayoría a los intercambios de tipo local o comarcal. Existían graves problemas de transporte y las zonas del interior peninsular continuaban aisladas de la periferia. Pero el problema más serio se derivaba de un mercado sometido a los límites de una economía agraria casi de autoconsumo, donde los escasos excedentes de los que podían apropiarse los campesinos apenas alcanzaban para la compra de los productos más indispensables. Solo el comercio colonial mantenía una cierta importancia.

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