Teorías de la Personalidad: Alfred Adler y Carl Jung frente al Psicoanálisis de Freud
Clasificado en Psicología y Sociología
Escrito el en
español con un tamaño de 2,42 KB
Adler o el sentimiento de inferioridad
Fue alumno y discípulo de Freud en Viena. Sin embargo, se separa de él y emprende investigaciones por su cuenta. Poco a poco fue elaborando una teoría psicoanalítica que se apartaba de algunas ideas freudianas sobre la personalidad.
Frente al pansexualismo de Freud, Adler opone un concepto de personalidad donde se resalta el carácter social. El niño de Adler pronto encuentra un interés social que lo aleja del puro egoísmo. Adler parte del complejo de inferioridad que se produce en el niño cuando adquiere conciencia de su desamparo y se sabe dependiente de los mayores.
Con el desarrollo de la personalidad, este complejo trata de superarse mediante una compensación: la ambición de poder. Gracias a ella, el individuo desarrolla un deseo de superioridad que orienta su propio devenir. Se trata del típico mecanismo de la compensación: hacerse más fuerte allí donde se fracasa. Este impulso lleva al individuo a emprender una lucha para asegurar el éxito personal, económico y sexual. El resultado de esa lucha determinará cada tipo de personalidad concreta. Freud criticó duramente la teoría adleriana.
El inconsciente colectivo de Jung
Fue primeramente discípulo de Freud para abandonarlo después debido a ciertas discrepancias doctrinales. Sus divergencias más importantes fueron:
- Crítica al pansexualismo freudiano: De igual manera, Jung interpreta la libido como energía vital.
- Para él, el origen de la neurosis aparece como fruto de las relaciones entre un sujeto maduro y su realidad circundante.
- Las tendencias del inconsciente se dividen en dos grandes grupos: introvertidas y extravertidas, según estén volcadas hacia el mundo exterior o hacia la propia subjetividad. El dominio de una u otra tendencia da como resultado un tipo distinto de personalidad. El introvertido se caracteriza por su tendencia a la fantasía y la ensoñación, por su capacidad de autodominio y por su afán de superación. En el extravertido predominan las tendencias placenteras y agresivas.